María Rey, periodista

María Rey: "Hoy la información se
filtra por cualquier rendija"

Pese a que actualmente presenta los informativos de mediodía de Antena 3 junto a Sandra Golpe, durante más de 20 años María Rey fue una de las periodistas fijas en el Congreso de los Diputados. Ahora publica su primer libro de la mano de Ediciones Península en el que explica los entresijos del Parlamento, como qué sucedió con la llegada de los nuevos partidos políticos. También plantea uno de los momentos más tensos y para ella, el inicio de una ruptura entre sociedad y política: la "Comisión de la Vendeta".

| Fotos: Santi Burgos
28-05-2017
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En Juego de Escaños mencionas que la forma de trabajar de los periodistas ha cambiado, ¿cuáles han sido esos cambios?
La llegada de los nuevos partidos supuso un esfuerzo. Estábamos en una zona de confort en donde había una renovación más o menos controlada del Parlamento e ibas conociendo a todos pero de repente llega un montón de gente nueva. Ellos venían con muchas ganas de conectar con los periodistas y encontrar ese cauce entonces fue mucho más fácil, enseguida se abrieron.  

¿Es la prensa realmente el cuarto poder?
No sé si somos el cuarto poder, el tercero o el quinto, porque ahora hay un nuevo poder que es el ciudadano, lo que impone en las redes sociales y cómo se marca tendencia con un debate y arrastra a los medios, que entramos al trapo de lo que nos sugieren en las redes. Pero está claro que el periodismo sigue siendo un contrapoder y teniendo un papel vigilante en la política. Los grandes aparatos de los partidos que más o menos marcaban la tendencia lo tienen más difícil porque hay más partidos y la estructura vieja tiene menos posibilidades, ya no se recoge el agua en un cántaro, ahora es en una cesta llena de agujeros. Tú puedes intentar contener esa información pero ya no puedes cerrar las puertas porque se filtra por cualquier rendija, es mucho más difícil guardar un secreto.
"El periodismo sigue siendo un contrapoder y teniendo un papel vigilante en la política"


En Juego de Escaños indicas que la primera brecha entre política y ciudadanía fue el 11M, ¿por qué?

Yo busqué en qué momento sentí que Parlamento y ciudadanos iban por caminos distintos y fue en la Comisión de Investigación conocida como la Comisión de La Vendeta. Fue la madre de un niño que había fallecido en uno de los trenes quien empezó a mirarle a los ojos a los diputados y a hablarles de otra cosa: del dolor, del duelo, de las preguntas sin respuesta, del desamparo. Hubo un sentimiento generalizado de bochorno y de fracaso. Aquel día me di cuenta de que el Parlamento hablaba de una cosa y la ciudadanía de otra. Fue una primera piedra, la crisis económica aceleró el proceso e hizo que los problemas se generalizaran.

¿Las fuerzas políticas se tomaron en serio el 15M?
No, porque no fueron capaces de medir la categoría y la trascendencia de lo que estaba pasando y seguían excusándose en la crisis. Pero no tenía tanto que ver con eso como con una nueva sociedad a la que le marcaba el ritmo la revolución tecnológica en la que quería respuestas inmediatas. Dentro del Congreso, en cambio, seguía el mismo ritmo de antes: desde que un problema que se debatía en los medios pasaba al pleno transcurrían dos o tres semanas. Nadie midió que eso se pudiese traducir en las urnas y llegó el aviso de las elecciones europeas, lo que hizo que se preguntasen qué estaba pasando.

¿Notaste miedo entre los parlamentarios cuando se conoció el ascenso de Podemos y Ciudadanos?
No sé si miedo, pero sí mucho desconcierto, porque nadie imaginaba un tercer actor político más allá del bipartidismo y de los partidos regionales, y menos un cuarto. Había posibilidad de que entrase otro partido que compitiese con los votantes de Izquierda Unida pero no que le fuese a hacer daño a los dos grandes, PP y PSOE. También es cierto que hubo falta de información porque las encuestas empezaron a fallar y los políticos no sabían por donde se movían. Aunque sí había otras en las que ya se avisaba de que lo que estaba pasando en la calle tenía un grado de simpatía en la sociedad mucho mayor de lo que los políticos imaginaban.

¿Ha fracasado Podemos a nivel político?
No creo que se pueda hablar de fracaso ni de Podemos ni del 15M, porque estos movimientos no tienen marcha atrás. Hay un cambio en política, eso que llamamos nueva política que no es más que la adaptación de ésta a la sociedad con un mayor nivel de exigencia y que requiere otra comunicación con sus políticos a través de los nuevos cauces. Zapatero cuando conoció a Pablo Iglesias en una cena le dijo: “te cambiará más la política de lo que tú la vas a cambiar a ella”, eso es lo que pasa.  

"Zapatero le dijo a Pablo Iglesias en una cena: te cambiará más la política de lo que tú la vas a cambiar a ella”
¿Y cuáles son los elementos que han revolucionado la nueva política?
Desde luego una exigencia por la transparencia, ya no se pueden ocultar las cosas. También han aumentado los sistemas de control por la tecnología y también porque hay más partidos, ahora es la oposición la que le marca al Gobierno por dónde tiene que ir,  ya nada es según lo previsto. Tienen que consensuarlo todo y eso ha cambiado los discursos de los nuevos políticos, con un lenguaje más claro y cercano a la calle.

¿Y la imagen? En España es algo que nunca había tenido mucho peso…
No lo había porque el marketing político era algo que practicaban dos o tres aficionados, en cambio ahora es el día a día. Los nuevos partidos buscan una imagen eficaz y un impacto inmediato. Todo tiene que ver con un tipo de mensaje, antes había algún diputado que intentaba llamar la atención con una camiseta o una escena en el hemiciclo, pero ahora hay mucha más estrategia detrás de los pequeños impactos. 

¿Fue la presencia del hijo de Carolina Bescansa en el Congreso una provocación? 
Aquello fue un gesto con un significado pero que no tuvo la respuesta que esperaban, porque yo creo que recibió más aluvión de críticas que de apoyos. A mí me cuesta convertir aquel gesto en un debate sobre dónde está el límite del comportamiento de una mujer y un bebé en un espacio público. Carolina Bescansa no era la primera mujer que acudía al Congreso con un bebé recién nacido, sino que es algo habitual porque no existe la baja de maternidad para los diputados y lo normal es que el niño los acompañe pero se queda fuera. Aquella transgresión fue dar un paso más. A mí me cuesta juzgarlo desde el punto de vista de mujer y de madre, porque me merece todo el respeto, pero es evidente que el que tomó esa decisión no creo que la tomase de forma espontánea y pretendía mandar un mensaje. 

Al final del libro reservas un hueco al sueldo de los parlamentarios, pero más que el sueldo, ¿no consideras que el debate hace referencia a sus responsabilidades?
El debate es si se merecen ese sueldo. El ciudadano no sabe qué hace un diputado, y eso se resuelve con un acercamiento entre ambos permitiendo que el ciudadano acceda al diputado de forma sencilla. Un diputado tiene que tener contacto con quien le ha votado y con quien no. Vale que se pasan el fin de semana haciendo actos, pero son actos de partido y hay que diferenciar entre éstos, a los que va solo gente que piensa como ellos a aplaudir, y sentarse en una oficina a escuchar, lo que le falta a los diputados es escuchar al ciudadano. 

Antes de despedirnos, un consejo para jóvenes periodistas que quiera cubrir a la información parlamentaria. 
En el periodismo político, igual que en muchos otros, hay que tener memoria histórica, si no es  por edad tiene que haber leído lo suficiente como para saber que determinadas cosas se repiten. También es importante escuchar mucho y no tapar los oídos ni los ojos a nada porque todo lo que pasa a tú alrededor es importante.

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