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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

En clave política

Fotografía
Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión04-05-2003

La visita al Papa ha sido tratada por todos los periódicos nacionales en clave política. Alguno, incluso, tiene la desfachatez de imprimir en portada la imagen del Pontífice recibido por los Reyes, como si de un jefe de Estado más se tratara, en lugar de reflejar el encuentro en vigilia con un millón de jóvenes. Animadversión a la figura del Papa que, como todo odio, envilece más al odiador que al odiado: quienes retuercen tanto la realidad desmerecen el nombre de periodistas mientras que Juan Pablo II, horas después, congregó a otro millón de personas en el corazón de Madrid. Pero al margen de manipulaciones conscientes, existen las inconscientes. El hombre tiene muchos escudos psicológicos contra el miedo. Uno de ellos es la reinterpretación de la realidad, que en este caso ha consistido en reducir las palabras del Papa a la clave política. Una lectura exclusivamente política es una postura cómoda para los que no son políticos o para los políticos que entienden que esa “clave política” tiene que ver con otros -nunca con uno-. Si los manipuladores me repugnan, me compadezco de todos los que usan este mecanismo psicológico. Todos tenemos miedo a que esas palabras graves que implican poner en juego la propia vida estén dirigidas a nosotros. Lo sabe Karol Wojtyla. Por eso, desde que es Juan Pablo II, repite siempre: “No tengáis miedo, merece la pena”. ¿Cómo no tener miedo de las palabras del Papa? “La paz es un don de lo Alto que debemos construir entre todos mediante una profunda conversión interior. Hoy quiero comprometeros a ser artífices de la paz. Responded a la violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen”. En el fondo, lo de siempre: pon la otra mejilla, da tu vida por el que te odia. Con Cristo, déjate crucificar por amor a quienes te crucifican. La paz no es posible con proclamas políticas ni con buenas palabras. La paz sólo es posible “a través de la contemplación” de este “misterio de Cristo”. Olvidemos el ruido de todo lo demás que dicen que ha dicho. Contemplemos, por unos minutos, este misterio.