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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Un paso más en el arduo camino

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional24-09-2018

El acercamiento entre Corea del Norte y Corea del Sur sigue dando sus pasos. No lo está haciendo con tanto bombo y platillo como la esperada y publicitada reunión entre Donald Trump y Kim Jong-un celebrada hace unos meses, pero en todo proceso lo que importa es recorrer el camino. Es, precisamente, en este trecho donde están las dificultades, más allá del boato de la salida y de la meta.

En estos momentos es cuando se está fraguando lo que se inició a principios de año y que puede culminar con un histórico y duradero acercamiento entre las dos Coreas y en una distensión entre Corea del Norte y Estados Unidos.

La reciente reunión entre el líder norcoreano y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, en Pyonyang demuestra que las relaciones bilaterales van por buen camino y que hay propósito de solucionar un problema que dura décadas. Conviene recordar que las dos Coreas siguen técnicamente en guerra, pues la contienda que dividió la península coreana finalizó con un armisticio, en 1953.

En un clima cordial y lleno de gestos, ambos mandatarios coreanos acordaron trabajar por la desnuclearización de Corea del Norte, la consolidación de la paz, la reconciliación y el desarrollo económico norcoreano, que está a años luz del de sus vecinos del sur, debido a las políticas comunistas y autoritarias impuestas tanto por el propio Kim como por su padre y por su abuelo, fundador de la patria.

El camino de la reconciliación no va a ser fácil, especialmente cuando las posturas han estado tan enfrentadas y con tanta tensión militar entre Corea del Norte y Corea del Sur, especialmente procedentes del Norte, que a través de su discurso amenazante y belicista acababa con cualquier acercamiento propuesto por el Sur, tan proclive a tender puentes con sus hermanos norcoreanos.

Estos pasos que están dando las dos Coreas suponen también un avance en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Corea del Norte. Donald Trump quiere estabilidad en la zona y acabar con una de las amenazas potenciales más importantes para el mundo. Mientras, Kim busca el reconocimiento estadounidense a sus acciones para reforzar su régimen autoritario y mantenerse en el poder.

Queda aún mucho trecho por recorrer, pero han sido nueve meses de esperanza e ilusión para el mundo y, especialmente, para los coreanos, que pueden ver cómo se pone fin a unos de los conflictos heredados del siglo XX. Sin embargo, conviene ir con pies de plomo, ya que no es la primera vez que las altas expectativas puestas en un proceso como este acaban desmoronándose por un cambio radical en las políticas norcoreanas. Aun así, y mientras tanto, es tiempo de valorar y de disfrutar lo acontecido hasta ahora.