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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Que AMLO no se convierta en MALO

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional09-07-2018

Que AMLO no se convierta en MALO, este juego de palabras es mucho más que un deseo. La victoria en las elecciones presidenciales mexicanas de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha sido clarísima, superó en más de 30 puntos a sus rivales inmediatos y se ha convertido en el presidente más votado en la historia del país.

López Obrador es un viejo conocido de los mexicanos debido a su discurso de izquierdas y a su larga trayectoria como uno de los líderes de la lucha social. Además, ya se había presentado anteriormente a las elecciones, pero la población le dio la espalda en dos ocasiones.

Ahora, todo ha cambiado. Al igual que hace años los votantes dejaron de confiar en el omnipresente Partido Revolucionario Institucional (PRI) y auparon al poder a la oposición, en los comicios del 1 de julio, los mexicanos lo han vuelto a hacer y creen que es necesario un cambio profundo.

López Obrador, candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ha sabido aglutinar el voto de sus simpatizantes, pero también ha logrado el de muchos que están desencantados con la delicada situación que sufre México desde hace años y que los anteriores cambios políticos no han conseguido revertir.

La mayoría de la población está harta de la corrupción institucional, de la violencia generalizada, de asesinatos diarios, de la impunidad, del narcotráfico... y anhela una regeneración total del sistema. López Obrador ha recogido el guante y quiere afrontar este reto y hacer ver a los mexicanos que es mucho más que un discurso de izquierdas con tinte social.

Sin embargo, los problemas de México están tan enraizados y son tan complejos que es muy difícil acabar con ellos de forma total y, mucho menos, rápida. AMLO ya ha prometido más inversión social para disminuir los niveles de desigualdad y de pobreza, y quiere hacerlo sin subir impuestos y sin mayor endeudamiento. También quiere reducir gastos, y para lograrlo va a recortar el sueldo de funcionarios de alto nivel, va a renunciar al avión presidencial y hasta pretende quedarse sin guardaespaldas.

Estas medidas son más un gesto que efectivas, ya que si pretende asumir desafíos tan grandes como la lucha contra la corrupción y el crimen organizado se va a granjear muchísimos enemigos que no quieren perder su fuente de riqueza.

Por si no fueran suficientes los retos internos, López Obrador también tendrá que lidiar con la relaciones políticas y comerciales, especialmente las que mantiene con Estados Unidos. Estas son tensas debido al Tratado de Libre Comercio y a las políticas migratorias impuestas por Donald Trump.

López Obrador tiene ahora cinco meses para ir preparando una transición con el Gobierno actual de Enrique Peña Nieto, y que culminará el 1 de diciembre cuando el nuevo presidente asuma el cargo.

Las altas expectativas generadas pueden ser también uno de los puntos débiles de López Obrador. La población se va sentir defraudada si ve que las nuevas políticas no consiguen reducir los grandes problemas de México o, lo que es peor, si se da cuenta de que el discurso de AMLO es solo fachada y acaba derivando en un gobierno populista de izquierdas que empeora la situación y se aferra al poder. Ojalá no sea así y el recién elegido presidente consiga mejorar la vida de los mexicanos y hacer un país más próspero, México lo merece.