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Sin Concesiones

La era Pedro Sánchez

Fotografía
Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura5 min
Opinión03-06-2018

Ha comenzado la era Pedro Sánchez al frente de La Moncloa sin apenas tiempo para que Mariano Rajoy recogiera su despacho. El cambio de gobierno ha sido tan repentino e inesperado que ni el propio presidente lo esperaba. Ni el saliente ni el entrante, que en veinte meses justos ha pasado de que sus propios compañeros le echaran por la ventana de Ferraz a entrar por la puerta de La Moncloa. Sánchez dio el campanazo con una jugada política maestra que enseñarán las facultades de Ciencias Políticas por el manejo de equilibrios y la suma de apoyos. Aunque lo ocurrido tiene una explicación mucho más sencilla: los enemigos de mi enemigo son mis amigos. Porque eso es precisamente lo que sucedió en la moción de censura. Los partidos que detestaban a Rajoy simplemente se unieron para echarle. Sin otro interés y sin necesidad de contrapartidas.

Sánchez ha pasado en 20 meses de salir por la ventana de Ferraz a entrar por la puerta de La Moncloa
Rajoy no vislumbró el jaque mate hasta la víspera, cuando yacía políticamente en el ataúd y sólo faltaba cerrar la tapa. El hedor generó un clamor para que dimitiera, en combinación con el miedo social a que la moción de censura triunfara realmente y Pedro Sánchez aterrizara en el Ejecutivo con el voto a favor de independentistas, republicanos, nacionalistas y podemistas. La presión mediática y popular corrió como la pólvora y adquirió dimensiones desproporcionadas pese a la inconsistencia del argumento. A la mañana siguiente, Rajoy demostró que el verdadero talante de un demócrata radica en aceptar la derrota en vez de esquivarla con triquiñuelas cobardes y en reconocer la legitimidad del triunfo adversario en lugar de intentar retrasarlo unas horas o deslegitimarlo, como hicieron algunos de sus compañeros. También lo demostró Soraya Sáenz de Santamaría con su posterior reacción a los aires chulescos, misóginos y vengativos de Juan Carlos Monedero. "Es la democracia",  replicó muy digna la vicepresidenta saliente en una clase de respeto a la soberanía popular de la que debería aprender el politólogo y profesor de cabecera de Podemos.

Un verdadero demócrata acepta la derrota en vez de esquivarla con triquiñuelas y reconoce la legitimidad del adversario
La moción de censura de Pedro Sánchez ha dado la vuelta al país como un calcetín. El cambio ha sido tan vertiginoso que en siete días a España no la reconoce ni la madre que la parió, como en 1982 espetó el socialista Alfonso Guerra. El primer damnificado es el PP, que sale expulsado del Gobierno a la oposición con el complejo trance de afrontar la sucesión de Mariano Rajoy, al que tantas veces se dio por muerto y que curiosamente ha visto acabar su vida política cuando nadie lo esperaba. Sin embargo, el partido tiene ante sí una oportunidad de oro para evitar implosionar y desaparecer, a lo que parecía destinado hasta hace una semana. Las siglas también estaban muertas por la inacción de Rajoy y Cospedal pero pocos lo admitían en Génova. Si hay una sucesión temprana y ordenada, la gaviota retomará el vuelo impulsada por las ansias de revancha que la moción ha despertado en las bases y que explica -pero no justifica- la reacción vengativa de sus dirigentes con el PNV. La censura a Rajoy ha sido letal para el presidente pero a la vez puede ser la salvación para el partido. Todo depende de quién tome las riendas entre Feijóo, Sáenz de Santamaría y Cospedal. Y de cómo y cuándo sea la transición.

El PP aún podría retomar el vuelo sin Rajoy y con una sucesión temprana y ordenada
Si el PP es el marido al que su socia vasca ha puesto los cuernos en la moción de censura, Ciudadanos es la novia a la que han dejado plantada en el altar un minuto antes de la boda. Albert Rivera había fiado todo su futuro a las encuestas y se imaginaba en el Palacio de la Moncloa en cuestión de pocos meses. Con Rajoy chamuscado e Iglesias en caída libre de credibilidad, el líder naranja sólo tenía que consolidar su alternativa a la espera de elecciones generales. Pero Pedro Sánchez le ha tomado la delantera con la moción, que también triunfó por el odio de todos los demás partidos a Ciudadanos y el temor a que aplicara sus recetas económicas liberales y territoriales centralistas nada más desembarcar en la Presidencia. De ser socio preferente y cautivo del Gobierno del PP, la formación naranja va a pasar a ser irrelevante en el Congreso con 32 diputados que poco aportan, aunque con la habilidad de Rivera a buen seguro sacarán al PSOE de algún atolladero.

Ciudadanos es la novia a la que han dejado plantada en el altar antes de la boda
Ganar la moción de censura parecía imposible. Pero a Pedro Sánchez le queda por delante lo más difícil: repetir esa suma de alianzas e intereses cada vez que lleve una medida al Congreso de los Diputados. No será fácil porque Podemos le echará un órdago a cada paso, igual que Rivera los lanzaba a Rajoy. Pablo Iglesias aparenta entusiasmo por haber arrebatado el poder al PP pero la realidad es que ha regalado a Sánchez lo que anhelaba para él. Además, lo ha entregado gratis para tratar de corregir la soberbia que demostró en 2016. Aún está preso de aquel error de cálculo que ahora intentará repetir con mayor disimulo a través de la presión de la calle. No se da cuenta de que el PSOE tiene décadas de experiencia en ese campo y, sobre todo, de que ahora dispone de las dos armas más poderosas del Estado. Por un lado, la capacidad de dictar resoluciones a través del Boletín Oficial del Estado (BOE). Y por otro, la iniciativa política que se presume a todo gobierno, aunque Rajoy renunciara tantas veces a ella. Pedro Sánchez la empleará mucho mejor para sus intereses en esta nueva era. La época de los gestores ha llegado a su fin. Por encima de todo, volveremos a ver gestos y mucha política.