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El Redcuadro

Un okupa en La Moncloa

Fotografía
Por Antonio BurgosTiempo de lectura3 min
Opinión03-06-2018

No sé si a ustedes les da la misma impresión que a mí, pero no me acabo de creer que Pedro Sánchez sea el presidente, ojú, del Reino de España, sino un okupa en La Moncloa. Un okupa que, sin presentarse a las elecciones y mucho menos ganarlas, se ha metido en La Moncloa, donde ha llevado ya a una serie de amiguetes. Los teóricos del Barroco hablan del "horror vacui" y a muchos nos daba ese horror contemplar el aparente vacío de ejercicio del poder que había en su centro monclovita, desde donde se dejó, por ejemplo, que los catalanes separatistas convocaran no uno, sino dos referendos ilegales, y que el PP se colocaba de perfil ante cualquier asunto que necesitara poner sobre la mesa lo que dijimos. Nos contaban desde La Moncloa lo que parecía una milonga porteña, pero era una realidad: cómo se había evitado que a España tuvieran que rescatarla con la ruina en todo lo alto.

Lo que más me sorprende es que todo ha sido un visto y no visto por parte del hombre que nunca ganó unas elecciones. Ni a soñar que se hubiera echado podían haberle salido las cosas mejor rodadas, y sin pasar por las urnas siquiera, que siempre es una molestia. La irresistible ascensión de Sánchez me ha recordado la frase de Helenio Herrera cuando entrenaba al Real Madrid: "Vamos a ganar el partido sin bajarnos del autobús". Lo que nadie podía imaginarse cuando presentó la moción de censura al muy censurable (pero por otros aspectos) Rajoy, es la velocidad que llevaba ese autobús. Aparentemente, han obtenido sin negociación y sin cesión alguna (dicen ellos, pero nadie se lo cree) los pactos de Gobierno con esos 22 partidos que les han dado los 180 votos. Y se dice pronto que hayan tenido que ser esos partidos como aquel estribillo del Dúo Sacapuntas: "Veintidós, veintidós, veintidós". Veremos a ver cuando empiecen a pedir por esas 22 boquitas, 22, lo que nos dejan de España. Sobre todo por la parte de los separatistas catalanes, de los vascos proetarras y de los del que renegaba de la Casta, Iglesias. Pero mira lo pronto que se ha pedido, ya más integrado que apocalíptico, un sillón de ministro. No de Ikea, autoconstruible, no: de ministro, ya montado con todas las mamelas del poder. Eso, eso: ya puestos, un sillón de ministro. Y dos huevos duros. ¿Y por qué no para los 22 partidos, 22, que lo han llevado a La Moncloa? Como decía el genial e histórico Gundisalvo del maestro Antonio Mingote: ¿a usted qué más le da?

Si Guerra decía que iban a dejar a España que no la iba a conocer ni la madre que la parió, cosa que desgraciadamente ocurrió, veremos cómo nos la deja Sánchez. Como se clavan como dos puñales las dos manecillas que tiene el reloj en la canción de Rafael de León, esos 22 puñales de los votos recibidos dicen que sin comerlo ni beberlo, veremos a ver cómo hacen sangrar a la vieja España. Más todavía.

Aunque no me tengo por leñador de árboles caídos, esto le ha ocurrido a Rajoy por tener tanto que repetirle lo de "¡Rajoy, que es pá hoy!" en las graves situaciones que a muchos nos hacían hervir la sangre. Ponerse de perfil está mal hasta para torear, así que ni te cuento para gobernar. No han sabido vender lo que hacían, habiendo hecho tanto. Parecían sus propios enemigos en la comunicación. Estaban como pidiendo perdón por ser lo que eran. Lo que precisamente tienen a orgullo ser los que lo votaron. Menos mal que todo tiene un "menos mal". Como querían, Sánchez y los 22 han "desalojado" a Rajoy, y me extraña que, como desahuciado que ha sido, no lo haya defendido ni la Colau, profesional del apoyo a los inquilinos lanzados a la puñetera calle. Están contentísimos porque han echado a Rajoy. Yo lo estoy por otra cosa en la que no sé si han caído: con Rajoy, el que de verdad se ha ido de La Moncloa ha sido el nefasto Arriola. Que a lo mejor es el verdadero culpable de que haya entrado allí un okupa que promete ante el Rey sin Biblia ni crucifijo.