Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

Sin Concesiones

Así NO Quim Torra

Fotografía
Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión13-05-2018

Es un sectario, un supremacista y un independentista radical. Quim Torra ha sido escogido por Carles Puigdemont para presidir la Generalitat precisamente por estas cualidades, que en cualquier otro parlamento del mundo le excluiría automáticamente para ostentar un cargo público. Pero Cataluña es diferente. En Cataluña tiene inmunidad porque los separatistas han devaluado los valores políticos y han reducido la ética social a la arcadia de la independencia. Todo lo que busca o promueve la escisión del resto de España es bueno e idílico. Todo lo que supone un obstáculo es demonizado. La ingeniería social del separatismo llega al punto de que imputados y encarcelados encabezaron las listas electorales y han sido propuestos sin rubor para la investidura. En Madrid, Cristina Cifuentes tuvo que dimitir (justamente) por llevarse dos cremas de un supermercado. En Cataluña, los responsables de la corrupción del 3% y los golpistas del 1-O contra el Estado de Derecho campan a sus anchas. Esa es la triste realidad de la Cataluña actual.

Han devaluado los valores políticos y reducido la ética social a la arcadia de la independencia
Quim Torra es un demagogo, como todos los independentistas que cimientan su discurso sobre una inmensa mentira. Su investidura lo ratifica. Puigdemont no le habría escogido si fuera de otra manera, así que no debe extrañarnos. Lo raro sería lo contrario. En sus primeros mensajes ha dado la espalda a más de la mitad de los catalanes que no quieren romper con el resto de España. También ha ofrecido un falso diálogo al Gobierno de Rajoy para disfrazarse de santo ante sus votantes, a pesar de que la Generalitat de Puigdemont es la que durante un año se ha negado a negociar con el Estado y el resto de las comunidades un nuevo sistema de financiación autonómica, un asunto trascendental para cualquier región pero especialmente reivindicado por Cataluña. También ha apelado al rey Felipe VI para abroncarle por su mensaje del 3 de octubre de defensa de la legalidad y el orden constitucional. "Así no", osó decir al jefe del Estado quien pretende construir una república contra la voluntad de más de la mitad de su pueblo. "Así no, Quim Torra", pueden responderle los 2,2 millones de catalanes que votaron a otros partidos el pasado 20 de diciembre y que superan a los 2,1 que han facilitado su investidura.

Quim Torra es un sectario, un supremacista y un independentista radical. Por eso le ha elegido Puigdemont para okupar el lugar que cree que le corresponde legítimamente al frente de la Generalitat. Pero Quim Torra también es un intelectual. Un intelectual excluyente, pero un intelectual acostumbrado a hacer pedagogía del independentismo con toda clase de mentiras y eso implica que en los próximos meses va a intensificar la propaganda y la demagogia para adoctrinar a los catalanes que aún no quieren separarse del resto de España. El debate de investidura confirma este pronóstico y supone un serio aviso de que el desafío al Estado de Derecho prosigue y puede radicalizarse más. Durante la aplicación del artículo 155 en Cataluña, el independentismo ha perdido poder pero no ha dado ningún paso atrás. Ahora vuelve a coger velocidad para lanzarse de nuevo al precipicio.

Torra va a intensificar la propaganda y la demagogia para adoctrinar a los catalanes que aún no quieren independizarse
El independentismo corrió el riesgo de perder el poder en las elecciones autonómicas de diciembre pero para su propia sorpresa lo mantuvo. Ahora se sienten tan fuertes que están dispuestos a acelerar en su desafío a la ley y anuncian nuevos incumplimientos constitucionales. Semejante desobediencia debería preocupar a los catalanes, que observan cómo sus políticos pasan de los problemas económicos y sociales de la región porque siguen obcecados en romper con España. Al resto de los españoles debe inquietarnos porque insisten en el pulso a la ley, a la soberanía nacional y a la unidad. Sin embargo, el Estado de Derecho ha demostrado su fortaleza estos meses y su inquebrantable defensa del orden constitucional. El que da un paso más allá es encausado y enviado a prisión si hay riesgo de fuga o reincidencia en el delito, cosa que vuelve a suceder con Quim Torra en la Generalitat. Si el nuevo president tiene tanta admiración y subordinación a Puigdemont, pronto acabará como él, como Turull, como Forcadell o como Junqueras. Esta partida de póker no admite más faroles. El que lance otro órdago, va directo a la trena.