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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Irán a un futuro incierto

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional08-05-2018

El programa nuclear de Irán dio mucho de lo que hablar hace años y parecía que había quedado resuelto con el acuerdo, firmado en 2015, auspiciado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. En el texto, Irán se comprometía a detener su desarrollo atómico (aunque siempre dijo que era con fines pacíficos) a cambio de que la comunidad internacional levantara las sanciones que le había impuesto.

Ahora que parece que los planes nucleares de Corea del Norte están parados (eso dice Kim Jong-un), se reactivan las sospechas sobre las intenciones del Gobierno iraní. Estos recelos han sido alimentados desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca. El presidente estadounidense piensa que el pacto con Irán es perjudicial para los intereses de Estados Unidos y cree que los dirigentes persas tienen un programa paralelo que se ejecuta de forma secreta.

Ahora, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha mostrado unos documentos donde, presuntamente, demuestra que Teherán está engañando a la comunidad internacional. Aun así, no sería la primera vez que se crea un escenario proclive a los intereses de algunas de las partes. Ya pasó con las armas de destrucción masiva de Irak, que el entonces presidente Saddam Hussein usó contra la población, pero que posteriormente dijo haber destruido. Cuando EE.UU. intervino para buscarlas y derrocar a Hussein, no las encontró.

Las relaciones entre Estados Unidos e Irán han sufrido decenas de encontronazos diplomáticos después del éxito de la revolución islamista en 1979: la crisis de los rehenes estadounidenses en Teherán, las acusaciones de la Casa Blanca de que el régimen iraní financiaba el terrorismo internacional e incluso la inclusión de Irán en el llamado Eje del Mal, por parte del expresidente George W. Bush.

Por si no fuera suficiente, Israel también considera a Irán como un enemigo potente, y cualquier desarrollo atómico iraní levanta los recelos de los gobiernos israelíes, acostumbrados a vivir en un entorno hostil, pero que siempre han mantenido más o menos controlado, gracias a su enorme potencial militar (nuclear, aunque no confirmado). A esta fortaleza su suma la determinación de los dirigentes de Israel para ejecutar acciones que en más de una ocasión han violado las leyes, pero que no tienen consecuencias debido a las buenas relaciones que mantienen con Estados Unidos.

Que Irán posea armas nucleares es una amenaza para los israelíes, que son partidarios de atajar el problema y de acabar con él antes de correr el riesgo de que los iraníes puedan desarrollar ese programa paralelo y ponga en riesgo la supervivencia del Estado de Israel.

Las inspecciones internacionales que se desarrollan en las instalaciones iraníes no son suficientes para Estados Unidos ni para Israel. Su desconfianza ha hecho que se acabe con un pacto que reducía la inestabilidad anterior y, lamentablemente, la nueva situación no tiene pinta de que vaya a ser mejor de la que había hasta ahora.