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SIN CONCESIONES

El violador de la Verneda

Fotografía
Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión03-05-2018

Uno de los violadores más peligrosos de Barcelona ha quedado en libertad. Lleva 20 años encarcelado por abusar sexualmente de 17 mujeres e intentarlo con otras 40. Fue condenado a 167 años de prisión pero la ley con la que fue juzgado impide que pase más de dos décadas entre rejas. Así que ya es libre. Ha cumplido su pena, aunque lo peor de todo es que no está rehabilitado. Proclama la Constitución española de 1978 que la privación de libertad debe tener como objetivo la reinserción. Pero con el violador de la Vernada no es posible. Ha sido incapaz de reprimir sus peores instintos en 20 años, según advierte el informe penitenciario. Él mismo expresa ciertas dudas. Por lo tanto, sale a la calle y puede volver a violar en cualquier momento.

Mientras grupos feministas promueven algaradas por la escandalosa sentencia de La Manada en su agresión a una joven durante los sanfermines, el violador de la Verneda queda libre sin que apenas abran la boca quienes repiten insistentemente el eslogan "No es abuso, es violación". Claman al cielo porque la piara de cerdos autodenominada La Manada "sólo" ha sido condenada a nueve años de prisión. Consideran poco nueve años de cárcel por sobrepasarse en grupo con una joven, cuando acabar con la vida de otra persona en un homicio conlleva diez. Pero lo de La Manada choca aún más sabiendo ahora que el peturbado sexual de la Vernada violó a 17 y apenas ha pasado 20 años en una celda.

La sociedad manifiesta una muy razonable indignación tras la sentencia de La Manada autoconvencida de que tenemos un problema. Y realmente lo tenemos, aún más palpable con el caso de la Verneda. Pero a la vez tenemos una sencilla solución a nuestro alcance y se llama prisión permanente revisable. Un delincuente tan peligroso jamás debería salir a la calle sin plenas garantías de estar reinsertado. En casos así, cumplir la condena no puede ser suficiente. Es justo lo que establece la prisión permanente revisable. Un tiempo mínimo en la cárcel y otro renovable mientras no demuestre arrepentimiento y dé garantías de no reincidir en el delito. Sin embargo, los mismos que exigen mayor contundencia de la Justicia contra La Manada son los que hace dos meses defendían derogar la prisión permanente revisable, que protegería a las víctimas y a los vecinos de la Verneda.

La izquierda política o social que tanto grita por los derechos de la mujer es la que en el Congreso de los Diputados pretende derogar la prisión permanente revisable que defienden padres de niñas violadas y/o asesinadas como Marta del Castillo o Mariluz Cortés. No cabe mayor incongruencia ni mayor ejercicio de demagogia, como si en esto de la igualdad también hubiera víctimas de primera y de segunda. Tampoco debería haber bandos. A Rafael Catalá ahora lo apalean por ser ministro de Justicia pese a ser el único miembro del Gobierno que ha cuestionado el asqueroso voto particular que pedía la absolución de La Manada. Es el mismo ministro al que en febrero también criticaban por querer ampliar la prisión permanente revisable para violadores en serie. Con esa reforma, si el de la Verneda reincidiera regresaría a la cárcel para el resto de su vida y evitaríamos más violaciones.

Así que menos protestas con #YositeCreo y más determinación en las soluciones. La prisión permanente revisable es una de ellas. Lejos de derogarse, debe ampliarse para situaciones surrealistas como esta. Porque la reinserción es un principio elemental de la política penitenciaria y, a la vez, la protección de los ciudadanos es una obligación de las instituciones. Con dobles raseros, demagogia y populismo nos cargamos el sistema judicial, matamos la confianza en nuestro Estado de Derecho y resquebrajamos la convivencia democrática. Por eso resulta indecente criticar la prisión provisional para golpistas catalanes y no para La Manada. Igual que con la presunción de inocencia de los corruptos propios pero no de los ajenos. Y del principio de reinserción a los terroristas de ETA... mejor no hablemos.