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ANÁLISIS DE CULTURA

El código de honor

Fotografía
Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura11-04-2018

Universidad de Harvard. 1908. Sólo ocho de los 33 alumnos que cursaron el Master in Business Administration (MBA) consiguieron el título. Hoy es todavía la modalidad más elitista del mundo. El título de primer MBA se lo disputa con la prestigiosa Escuela de Negocios Amos Tuck, cuyo modelo de enseñanza intenta ser distinto a lo que hoy estamos acostumbrados: la importancia de la vida comunitaria y el trabajo en equipo para poder llegar a aquello por lo que los que la eligen lo hacen: alcanzar el clímax de todo empresario que se precie, el liderazgo y por lo tanto la base del éxito. El nuevo mundo tras la primera y segunda Revolución Industrial necesitaba personas inteligentes que dirigieran empresas concebidas con ojo clínico.

 Y esas habilidades interpersonales se consiguen asistiendo a sus clases, donde los profesores más reputados imparten los pilares de las estrategias competitivas, y los alumnos se vanaglorian de ello. Se acuerdan de su asistencia a clase, vaya si lo hacen, sobre todo por lo que cuesta el máster en sí. Y por lo difícil que es ser uno de los elegidos. 

 La formación o los límites de esta. Que la ética sea su base para que el sector se quite el traje de buitre carroñero enquistado desde la crisis económica. Que el centro se blinde con un Código de Honor respetado por todos: empleados y alumnos, hasta llegar a formar parte de una comunidad. 

 

Pues todo eso es lo que queda demostrado que en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos ha quedado en entredicho. Que estudiar un máster no se convierta en un título más para el currículo, sino que sirva para algo más. Para recordar si fuiste o no a clase. 

 La estatua de Fray Luis de León ilumina la fachada de la Escuela Mayor de la Universidad de Salamanca con un poder tan embaucador que parece dar fuerzas a los estudiantes que la llevan pisando desde el siglo XIII. Y esta frase que brotó de sus labios: 

 "Los pastores serán brutales mientras las ovejas sean estúpidas"

 Quizás sea la magnanimidad de sus muros la que invite a acudir a estudiar en ella. O el carácter humanístico que debe reinar en todas las universidades. Sea como fuere, aquí hemos llegado al límite, donde el político como “referente” para el electorado se ha convertido en el descrédito en persona.