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SIN CONCESIONES

No es político

Fotografía
Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión12-09-2017

Oigo y leo constantemente que lo de Cataluña es un gran problema político. Gigantesco. Y que, como tal, hay que encontrarle una respuesta política a su altura. Supongo que los independentistas y no secesionistas que sostienen algo así se refieren a una respuesta de colosales dimensiones, pues el problema realmente ha adquirido un tamaño inabarcable. Sin embargo, discrepo en el argumento base. Que el problema sea enorme y que los responsables del problema sean casi en exclusiva los políticos no significa que la respuesta deba ser política. En absoluto. Aunque el razonamiento parece lógico por su simpleza, en esa misma simpleza radica la trampa.

Han creado un problema artificial donde no lo había para imponer una solución predetermina
En la vida hay gente experta en crear un problema para aportar una falsa solución con la que salirse con la suya. Dicho más sencillo, hay personas tremendamente manipuladoras que, para conseguir aquello que anhelan, inventan un problema sin importar las consecuencias y aportan como solución su particular capricho. Todos hemos conocido especímenes de esta calaña, habitualmente mediocres en principios éticos y expertos sin igual en emprender atajos. Con Cataluña sucede algo parecido. La independencia era un capricho imposible de cuatro pirados nacionalistas pero sembraron odio hacia el resto de España y ahora es una demanda de casi la mitad de la población con derecho a voto. Es un caso evidente de cómo crear un problema artificial donde no lo había para imponer una solución predetermina.

Lo de Cataluña empezó siendo un problema político y ahora es cualquier cosa menos eso. Por encima de todo es un problema gravísimo de falta de respeto. Flagrante falta de respeto a la ley y temeraria falta de respeto a quien piensa diferente, es decir, a todo aquel que no abraza la religión fanática del independentismo e inclina la cabeza contra el suelo al paso de los dioses Artur Mas y Carles Puigdemont. La falta de respeto a la ley en Cataluña ya quedó patente cuando Leo Messi declaró en 2013 ante un juez por sus delitos fiscales y entró vitoreado por los aficionados azulgrana. La falta de respeto al diferente queda plasmada constantemente en los ataques a las sedes del PP en Cataluña, los insultos a Inés Arrimadas, los abucheos al Rey en la manifestación por las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils y, muy recientemente, en la retirada de las banderas españolas durante el Pleno del Parlament que aprobó la maniquea ley de referéndum.

La primera solución es legal y nada más que legal, aunque duela
El independentismo ha inyectado tanto odio en la sociedad catalana que hoy está partida en dos mitades. Por lo tanto, no hace falta una solución política para contentar a quien nunca estará satisfecho y, además, no se merece que le den ni un gramo de razón porque es precisamente quien ha generado el problema a propósito para forzar después la solución que tanto le interesa. ¡Es una falacia! Semejante disparate no puede desembocar en una carta de posibles cesiones para que quienes han violado las normas democráticas y la convivencia escojan encima un postre que les deje buen sabor de boca. No. Jamás. La primera solución es legal y nada más que legal, aunque duela. La segunda son penas reales y verdaderas, proporcionales al daño cometido. Después hará falta mucha pedagogía social, la que ha faltado desde La Moncloa durante algunos años por complejos o vaguedades. Y por último, cariño, mucho cariño recíproco para curar heridas, cerrar cicatrices y borrar el lavado de cerebro que durante décadas ha llevado a cabo el nacionalismo. Es evidente, salvo para los adoctrinados, que el problema no es político aunque lo hayan creado unos pocos políticos intolerantes. Así que la solución tampoco debe serlo.