Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ESPAÑA

Barcelona

Fotografía
Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España04-09-2017

Todo es susceptible de ser politizado. Incluso un hecho aparentemente tan fortuito como, por ejemplo, un accidente de tráfico. ¿Cuál era el estado de la carretera?, ¿Por qué no se invirtió más en su mantenimiento? ¿En qué se gastó el dinero? Y tras estas dudas, la pregunta final, que en realidad suele ser la primera: ¿A qué administración correspondía el mantenimiento?, ¿A qué partido? Si hasta un bache es politizable, qué no será posible con unos atentados terroristas con 16 muertos como los de Barcelona y Cambrils.

Si antes fue la presencia del rey en una manifestación que se olvidó de las víctimas o la negativa a colocar bolardos, la última polémica tuvo que ver con un aviso de la CIA adelantado por un periódico, según el cual, la Inteligencia americana señaló como posible objetivo la Rambla de Barcelona, exactamente el lugar en el que luego atentaron los terroristas. Los Mossos lo sabían. También lo sabía la Policía, la Guardia Civil y el CNI, pero ningún cuerpo policial le dio credibilidad. No la tenía. La alerta era imprecisa, como cientos que llegan. Uno de los yihadistas eligió la Rambla como plan B, sin ninguna planificación previa. Aquella alerta, por tanto, no tenía nada que ver con los planes terroristas. Pero lo Mossos negaron su existencia durante días, una mentira inexplicable que ha dado pie a cuestionar su actuación.

No es incompatible pensar que lo únicos culpables de los atentados son los terroristas y al mismo tiempo señalar los fallos en la prevención y reacción tras los ataques. Pero la alerta de la CIA no es de lo más grave atendiendo a lo anterior y en comparación con otros errores como las 17 horas que dejaron pasar entre la explosión en Alcanar y el atropello masivo. La politización de los atentados ha estado condicionada por el desafío independentista y la inminente convocatoria de un referéndum ilegal.

Desde el soberanismo se dieron demasiada prisa en presentar la gestión de los Mossos como un éxito en un intento nada disimulado de vender la idea de una Policía madura para un país maduro. Pero la realidad ha demostrado que su papel no fue tan excelente. Así que, para contrarrestar el mensaje indepe, desde el otro lado corrieron a señalar los errores policiales. Una patada a Puigdemont en el culo de Trapero. De este modo, cualquier cuestionamiento a los Mossos, aunque fuese desinteresado, se entendía desde el independentismo como un ataque al prusés. Y en medio de este intercambio, la autocrítica o el propósito de intentar ser más eficaces en el futuro pasó a un segundo lugar. No digamos ya las víctimas.