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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Nadie da duros...

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional31-07-2017

Aquellos que superen la treintena, habrán oído el dicho de "Nadie da duros a cuatro pesetas". Para los más jóvenes, duro era como se conocía comúnmente a la moneda de cinco pesetas (equivalente a tres céntimos de euro). El significado de la cita es que nadie entrega algo por más valor del que tiene o del que espera obtener en el futuro.

Algo similar es lo que lleva ocurriendo en Venezuela desde que llegó el chavismo al poder. Allí, gran parte de la población más necesitada ha recibido ayudas, subvenciones... que les ha permitido progresar y hasta hacer negocio.

En sí, es una buena noticia que el Gobierno trabaje para mejorar las condiciones de vida y disminuir la desigualdad. También lo es que quien se beneficia esté agradecido hacia quien contribuye a su bienestar. Sin embargo, el asunto se pervierte cuando la principal prioridad de los gobernantes es comprar voluntades, y, aún peor, cuando se coacciona a los ayudados para obtener réditos.

Nicolás Maduro quiere aferrarse al poder e intenta revestir de democráticas sus maniobras para conseguirlo. En las últimas elecciones a la Asamblea Nacional, la jugada no le salió como esperaba: la oposición ganó y empezó a controlar la Cámara. Las posteriores artimañas judiciales de Maduro fueron tan descaradas que tuvo que dar marcha atrás. Ahora, con la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente se echa combustible a una hoguera que se prendió hace meses y que ha hecho que el número de opositores crezca, al tiempo que se reduce el de partidarios del chavismo.

Este hecho es significativo y muestra que, aun habiendo recibido ayudas, son muchos los que se han desencantado con un sistema político que parecía la panacea, pero que con el paso de los años ha llevado corrupción, pobreza, inseguridad, falta de productos de primera necesidad... a Venezuela, un país rico en recursos, con un enorme potencial, pero que se está viendo lastrado por el comunismo chavista.

Venezuela está en una grave encrucijada. La situación no se va a solucionar con represión policial, con la violencia de los llamados colectivos (grupos paramilitares chavistas) y con el Gobierno queriendo perpetuarse en el cargo. Tampoco ayuda que existan manifestantes opositores que alientan y buscan el enfrentamiento.

Es imprescindible que el Gobierno y la oposición piensen en el interés general y negocien un acuerdo que garantice una transición política y busque paliar los graves problemas que padecen los venezolanos. Un gran pacto de Estado al respecto, sumando esfuerzos e ideas, es la solución más adecuada y menos traumática, aunque ello implique que las partes renuncien a algunas de sus pretensiones.

La situación es muy delicada y parece enquistada, pero aún hay tiempo para intentarlo. Si chavistas y opositores siguen en sus trece, están abocando al país al enfrentamiento indiscriminado y generalizado. Este hará que venza uno de los contendientes, pero conllevará más muerte, odio y destrucción y, una vez terminado, sus consecuencias perdurarán durante años.