Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

EL REDCUADRO

Fútbol sin burbujas

Fotografía
Por Antonio BurgosTiempo de lectura3 min
Opinión09-07-2017

Esto va de radio y de fútbol. Vamos primero con la radio. Vengo observando en las Pascuas, en Semana Santa o en el verano que las grandes estrellas de la radio se toman su oficio como si fueran maestros o profesores. En cuanto los niños tienen vacaciones escolares, y en las mismas fechas, se quitan inmediatamente de enmedio para dejar que les hagan el programa los suplentes del banquillo, entre otras cosas para que nos demos cuenta de lo buenos e insuperables que son ellos. Los suplentes de los medios tienen un peligro: que a veces demuestren que son mejor que los titulares. Y ahí tienen en TVE a Anne Igartiburu, que entró para hacer una sustitución estival con "Corazón de verano" y se consolidó tanto ella como su programa de fortuna, que el invento ha cumplido veinte años y andan de fiesta con Isabel Preysler como madrina.

Como mi querido Joaquín Bardavío tenía que ir mucho a Suiza por razones de su trabajo cultural en la Fundación Winterthur, me comentaba una vez que tener que pasar una tarde de domingo y en invierno en Zurich era una invitación al suicidio: lo más aburrido y triste del mundo. "¿Cómo será --me decía--, que un domingo, para entretenerme, tuve que meterme en el Zoo?". Pero en la radio de verano, ay, no hay Zoo. Esa radio con la programación dejada en manos de los suplentes es, sobre todo por las noches y más en fin de semana, una invitación al suicidio, como las tardes dominicales de Bardavío en Zurich. No encuentras en la radio, ni por la noche ni por el día, a nadie de tus habituales y preferidos. Por lo que has de tragarte, como hago, todos los programas deportivos nocturnos habidos y por haber, y aquí entramos en la segunda parte del presente artículo, en el fútbol, ¿no han escuchado el pitido del trencilla para que empiece la segunda parte del encuentro? Oyes por las noches los programas radiofónicos deportivos y no sabes si estás sintonizando una emisora de información económica, porque allí no se habla más que de millones y más millones, de traspasos y de fichajes, de cláusulas de rescisión y de cartas de libertad. Quizá no te enteres de quién ha ganado la etapa de la Vuelta a Francia, pero acabas sabiendo lo que ganan Cristiano Ronaldo o Messi, valores de referencia para esta danza de millones del mercado de la carne futbolista. ¿Usted no ha visto las fotos de los descubrimientos arqueológicos, que ponen siempre un metro para que nos hagamos una idea en centímetros del objeto hallado? Pues igual en las informaciones de la danza de millones del fútbol de estos días ponen los sueldos de Messi y de Cristiano Ronaldo, para que tengamos una idea de a cuánto está el cuarto y mitad de fichaje del delantero Modelo 9 que necesita al equipo que sea.

No entiendo ni papa de fútbol. Sólo entiendo algo del Betis, que es algo muy distinto. Como dice el lema de la campaña para captación de nuevos abonos, "la vida es lo que más se parece al Betis". Por eso me atrevo a decir que esta danza de millones que cada noche escuchas en la radio deportiva es lo que más se parece a Wall Street. No gasto diario deportivo, pero me imagino que en estos días deben de ser el "Financial Times" y el "Wall Street Journal" en una sola pieza. ¡Cuántos millones, Dios mío! Hablan de un jugador "baratito" y que se lo rifan, porque hay que pagar por él "sólo" 15 millones de euros. ¿Usted sabe lo que es eso? Pues unos 2.500 millones de pesetas. Eso es el "low cost". Y a partir de ahí, jugadores a 100 millones de euros el pelotazo, los que usted quiera. Sí, ya sé, es dinero privado, bien de un club, bien de una SAD. Pero con las carencias que hay en el mundo, a mí me parece una escandalosa contradicción la danza de millones de los fichajes del fútbol. Aunque no sea con dinero público, sino un negocio como algunas bebidas: sin burbujas. En el que, por cierto, ya he aprendido que el PSG no es un valor de los análisis clínicos, como el HDL, sino el París Saint Germain.