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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

No lo arregla ni Hermano Mayor

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional10-07-2017

El conflicto generado por Corea del Norte no lo arregla ni Hermano Mayor. Este programa de televisión formado por un coach y un psicólogo visita familias en las que el hijo es un déspota, con malos modales y que utiliza la fuerza para obtener lo que quiere y tener atemorizados a quienes le rodean. Generalmente, la mediación de este espacio televisivo logra encauzar la situación, al menos aparentemente.

El caso del líder norcoreano, Kim Jong-un, es muy parecido, con la diferencia de que ha heredado el poder de su padre, Kim Jong-il, y este a su vez de su padre, Kim Il-sung, quien fue el fundador del Estado, en 1948. Desde entonces, los Kim han instaurado un régimen totalitario, hermético y donde hay pobreza y falta de libertades. Sin embargo, han sabido maniobrar para perpetuarse en el poder.

Las ingentes cantidades de dinero que han invertido en el fortalecimiento militar es lo que les está garantizando su supervivencia. Cuando se fundó el Estado, era una situación donde la Guerra Fría estaba iniciándose y en la que Corea del Norte tenía el apoyo fundamental de la Unión Soviética y de China.

La amenaza norcoreana ya empezaba a florecer, pero el momento no era el más adecuado para intervenir, debido a la ayuda con la que contaba Kim. Se confiaba en que cuando muriera se produciría una transición a otro sistema político. Sin embargo, llegó el día (en 1994) y no se produjo lo esperado. Kim Jong-il, hijo de Kim Il-sung, asumió el poder y mantuvo todo lo que había aprendido de su padre.

Además, supo usar perfectamente la teoría del palo y la zanahoria cuando más le convino. Si se registraban terribles hambrunas en el país, el régimen norcoreano hacía pruebas armamentísticas, desafiaba a la comunidad internacional y tensaba la cuerda para obtener ayudas a cambio de relajar la situación.

En esos años, intervenir para derrocar al régimen era demasiado costoso y arriesgado, ya que Corea del Norte seguía contando con el apoyo de China y Rusia y tenía mayor potencia militar. Una vez más, se volvió a confiar en que cuando Kim muriera se iniciaría una transición que abriera el país.

Tampoco ocurrió. Kim Jong-il fue sucedido por su hijo Kim Jong-un (a finales de 2011), quien sigue manteniendo el poder con mano de hierro y potenciando su capacidad militar hasta el punto de conseguir armamento nuclear y misiles de largo alcance. Además, realiza pruebas militares con frecuencia y su mensaje sigue siendo de desafío hacia sus vecinos Corea del Sur y Japón y especialmente hacia Estados Unidos.

Las tensiones y la escalada armamentística que genera Corea del Norte preocupan a la comunidad internacional. Rusia y China ya no son tan partidarios del régimen, pero siguen teniéndole simpatía y se muestran laxos ante el problema.

Intervenir ahora en Corea del Norte es todavía más arriesgado porque el régimen es aún más potente militarmente y porque hacerlo supondría introducirse en un avispero en el que las bajas y los resultados serían catastróficos para Estados Unidos y, principalmente, para japoneses y surcoreanos. Kim ya ha advertido de que en caso de ser atacado respondería con contundencia y de forma indiscriminada hacia sus vecinos.

Vista la historia y las causas y consecuencias, el problema se ha ido haciendo tan grande que ya es prácticamente imposible resolverlo sin recurrir a la fuerza. Queda la esperanza, una vez más, de esperar a que Kim Jong-un fallezca, pero, como los hechos demuestran, esto no es garantía de éxito.

De la misma manera que el régimen lleva décadas trabajando por mantenerse y perpetuarse, lo más lógico es que la sucesión, cuando llegue, esté más que preparada y todo siga igual. Tampoco hay que confiar en un golpe de Estado, ya que los militares y funcionarios norcoreanos, además de tener miedo a ser purgados o delatados, disfrutan de unas condiciones de vida mucho mejores que las del resto de la población.