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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Ni caso a las encuestas

Fotografía
Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España15-05-2017

Es meterse en Internet para buscar el hotel de las próximas vacaciones y de pronto tu móvil, tu ordenador y/o tu tablet se ponen misteriosamente de acuerdo para que toda la publicidad que te aparezca gire en torno a alojamientos, restaurantes y demás actividades posibles en el destino por el que te has interesado. Basta atender a los anuncios que te saltan en estos dispositivos para saber el último miembro de la familia que ha estado navegando por la red. Cuando nos damos de alta en cualquier servicio se nos piden datos personales, empezando por la edad. Hoy día casi cualquier marca puede saber nuestras preferencias con un mero rastreo de visitas en la red. Sin embargo, los partidos siguen fiando sus estrategias políticas a las encuestas que machaconamente condicionan y mucho la actividad política. Eso a pesar de que el modelo ha dado sobradas muestras de su ineficacia a la hora de medir la verdadera intención de voto de los ciudadanos. Al menos en España. Son estudios realizados mediante algo ya tan arcaico como una llamada de teléfono, hoy día una intromisión en la vida privada a la que mucha gente responde directamente mintiendo, ya sea por vergüenza o por dar por saco.

En el periodo comprendido entre las elecciones generales del 20D y las del 26J las encuestas tuvieron una incidencia decisiva. A Podemos se le quitaron las ganas de alcanzar cualquier acuerdo de investidura en cuanto los sondeos vaticinaron el sorpasso al PSOE. Luego el resultado fue diferente y ahí está Pedro Sánchez amenazando con darle a Iglesias una segunda oportunidad, quién sabe si más pronto que tarde. Y no aprendemos. De nuevo el CIS y los medios de comunicación arrojan nuevas cifras sobre un hipotético resultado electoral. Cabría preguntarse la necesidad de invertir dinero público en sondeos que prácticamente interesan solo a los partidos para supeditar sus convicciones al sentir de la opinión pública. Si la política consiste en cabalgar contradicciones, según el líder de Podemos, las encuestas serían los estribos. Públicamente los líderes políticos dicen no hacer caso, pero lo cierto es que sí le arrojan validez usando como pretexto que es la única forma de medición. Los precedentes demuestran que un mal resultado hace temblar los cimientos de cualquier sede igual que un buen resultado ayuda a confirmar estrategias.

Es cierto que España no es Twitter y que hay amplios sectores de la sociedad, sobre todos los mayores, que quedarían al margen del llamado big data. Pero cabría esperar de los políticos cierta contención a la hora de tomar decisiones en función de las encuestas. Sería más interesante verles actuar sin que nadie les pasase las respuestas del examen. Sobre todo si las respuestas están mal.