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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Apostar por la contención

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional13-02-2017

Rusos y turcos están condenados a entenderse, a pesar de las múltiples trabas que surgen en su relación. Es normal que haya discrepancias en la forma que tienen de ver el mundo. De hecho, Rusia está volviendo a ser la potencia que un día fue, y Turquía tiene una posición geoestratégica importante y todavía conserva el espíritu y el orgullo de haber sido la cabeza del Imperio Otomano. Eso sí, a diferencia de Rusia, no parece que esa relevancia histórica regrese.

En el conflicto en Siria, se está poniendo a prueba la relación entre las diplomacias turca y rusa. Por un lado, Rusia tiene un papel relevante en la guerra y apoya decididamente al régimen de Bashar al Assad. Mientras, Turquía apoya a fuerzas opositoras.

En un escenario bélico tan complejo y con intereses enfrentados, es normal que salten chispas. Además, tres incidentes han puesto a prueba las relaciones entre Turquía y Rusia. Primero, el Ejército turco derribó un caza ruso que participaba en el enfrentamiento sirio y que, presuntamente, había violado el espacio aéreo de Turquía. Posteriormente, el embajador ruso en Turquía fue asesinado por un policía turco que quería vengarse de la actuación rusa en Siria. Y, finalmente, la pasada semana un bombardeo ruso relacionado con la contienda siria mató a tres militares turcos.

Rusia ya ha pedido perdón por este último suceso, al que ha calificado de accidente, pero dadas las relaciones entre ambos, es normal que surjan desconfianzas y que haya sectores que estén vinculando todos los acontecimientos ocurridos con anterioridad.

Evidentemente, esta es una opción. Dicen que la venganza se sirve fría, pero es muy difícil, por no decir imposible, probar tales acusaciones. Es más, realmente los accidentes ocurren, por mucho que duelan y por muy sospechosos que parezcan.

En cualquier caso, tanto Rusia como Turquía saben a lo que se exponen cuando toman partido y operan en un conflicto tan enrevesado como el de Siria y, además, con posiciones enfrentadas. En este caso, la posibilidad de perder hombres y de tensar las relaciones políticas, económicas y diplomáticas entre ambos está sobre la mesa.

Es lógico que cada uno defienda sus intereses y barra para casa, pero es imprescindible que ambos países tengan altura de miras y sean conscientes de su responsabilidad. Ninguno debe olvidar lo que significaría un incremento de la tensión, con Rusia como gran potencia, y con Turquía como miembro de la OTAN. De momento, parece que los dos lo están logrando y apuestan por la contención, a pesar de los reveses recibidos.