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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Del Garden a Venecia

Fotografía
Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España13-02-2017

La militancia de Podemos acudió a la cubierta de Vistalegre convertida el fin de semana en un Madison Square Garden, pero en pleno corazón de Carabanchel. Sirvió el encontronazo que ante los ojos de todos protagonizaron Errejón e Iglesias desde sus escaños como el pesaje previo en el que los púgiles no escatimaron en gestualidad desafiante para calentar la velada. Solo les hizo sombra Miguel Urbán, el más ardiente del cónclave, cuando trazó de nuevo la línea de lo que es gente. Las soflamas de siempre fueron las más jaleadas por un público entregado que, decepcionado por tanta lucha interna, pedía como el comer un buen derechazo al mentón de lo que un día dieron en llamar casta. Han pasado solo tres años, pero algunas cosas parecen ya tan viejas.

La mayoría del respetable que colmaba los tendidos venía de fuera de Madrid, algo así como el público del Bernabéu en Champions: más ruidoso, menos exigente, pero no necesariamente consciente -como quienes siguen el día a día de la liga entre Iglesias y Errejón- de hasta qué punto los gritos de unidad formaban parte del atrezzo general que en unos meses se montará, por ejemplo, en el Congreso socialista. Ni más ni menos. Y sus líderes encajarán la petición exactamente con el mismo propósito de enmienda que los de Podemos, ósea, ninguno. Al final ganó Iglesias a Errejón, Lenin a Kerenski, Napoleón a Snowball. Todo el poder para los soviet, los Cañamero, los Bódalo... a las barricadas. Veremos lo que tardan Errejón y los suyos en ser borrados de las fotos del pasado.

El fin de semana informativo saltaba de Vistalegre a la Caja Mágica como si de un carrusel deportivo se tratase. Y con moviola incluida si atendemos a la polémica votación sobre acumulación de cargos que confirmó a Cospedal mientras algún compromisario pedía inútilmente el videoarbitraje. Pero Rajoy acudió a la cita con la eliminatoria más que resuelta. En lugar de un Congreso, lo que celebró el PP en Madrid fue un carnaval veneciano. Según la tradición, las máscaras en Venecia se usaban para que la nobleza pudiera mezclarse con el pueblo durante unos días antes de volver a sus palacios. Y así, entre tanta careta, es imposible reconocer nada. Ni siquiera un problema a partir del cual plantear un debate. No digamos una solución. ¡Qué lío! Venga otro selfie, hombre. En medio del baile de caretas sonó en los transistores la victoria de Iglesias y entonces fue cuando Rajoy se encendió definitivamente el puro. El PP sabe y Errejón temía que cuanto más asuste Podemos, más votos tendrá la derecha sin necesidad de hacer mucha cosa. La renovada radicalidad de Podemos, por tanto, confirmará a Iglesias en su puesto y a Rajoy en el suyo.