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SIN CONCESIONES

Los parásitos de la política

Fotografía
Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión08-02-2017

La vida está repleta de paradojas. Una de ellas es que quienes más condenan y repudian la Guerra Civil española son habitualmente quienes la utilizan con fines políticos e incluso la practican en sus relaciones personales. Así, defienden hasta la muerte al amigo si es fiel pero al dudoso lo ejecutan como en el paseíllo de los peores tiempos de nuestra Historia. Con compañeros de este tipo, Dios nos salve de tener enemigos. Por eso el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti dejó para la posteridad la célebre frase de que "en política hay adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido" dispuestos a apuñalarte por la espalda cuando menos lo esperas.

En Podemos hay una guerra civil sin precedentes por el poder

Que Podemos atraviesa una batalla interna es algo que conocemos hace meses y que incluso ha trascendido públicamente durante las últimas semanas. Pero los episodios más recientes demuestran que dentro de la formación morada hay una guerra civil sin precedentes por el poder. Íñigo Errejón ha demostrado con inteligencia y respeto que no aspira a arrebatar el puesto de secretario general a su viejo amigo Pablo Iglesias. El problema es otro muy distinto. Quien mejor lo ha plasmado es Luis Alegre con esta tribuna publicada en eldiario.es. "Si entra una mosca en casa y alguien aprovecha, saca una pistola, y mata a la suegra, no cabe decir que haya matado moscas a cañonazos. Ha cometido un crimen que nada tiene que ver con la mosca". El problema, como él mismo desvela, radica en los parásitos que rodean al líder.

Lo que sucede en Podemos es un fenómeno demasiado habitual en los partidos políticos, en las organizaciones empresariales y en cualquier ámbito de poder. En todas partes hay trepas y ambiciosos sin escrúpulos que pelotean al jefe e intentan crear una cápsula de seguridad a su alrededor para que nadie acceda al líder. Sólo ellos. Alegre describe a la perfección ese cáncer y, sin dar nombres, señala entre líneas a los culpables. Es una historia que se repite demasiadas veces. Muchas suele ser el jefe de gabinete, otras el jefe de prensa y en ocasiones simplemente un asesor personal. Siempre hay alguien interesado en susurrar en la oreja del mandatario lo que le conviene, lo que otros hacen mal y por supuesto ellos hacen mejor que nadie. Esos parásitos de la política y del poder en general son tan despiadados e inseguros que necesitan desprestigiar a los demás para afianzarse como únicos perfectos y únicos con mérito para integrar ese círculo de confianza parodiado por Robert de Niro en una de sus películas. O estás dentro o estás fuera.

Los trepas sin escrúpulos pelotean al jefe e intentan encerrarle en una cápsula

Antes de las elecciones generales de diciembre de 2015 ya había una persona muy cercana a Pablo Iglesias que teledirigía todo lo que el líder hacía y debía hacer. No tenía reparos en darle órdenes en público e incluso abroncarle delante de la prensa. Empezaba a mandar mucho durante las 24 horas de la existencia del Coletas, desde que abría los ojos por la mañana hasta que le quitaba el pijama por las noches, y ahora va camino de adueñarse del partido al completo. Al menos eso parece que denuncian sus propios compañeros y Errejón trata de combatir. La guerra civil está justificada. Paradójicamente, quienes fundaron Podemos están siendo expulsados de su propia formación o de su núcleo por otros recién llegados con menos experiencia, menos conocimientos y menos tolerancia. Eso está claro. Ellos son los parásitos que chupan la sangre del secretario general pero no son los culpables. El responsable es quien ampara a los pelotas y a los trepas, bien sea por comodidad y egolatría, por connivencia interesada para subsistir, por ingenuo desconocimiento o por delegación equivocada. El responsable último siempre es el jefe y, en Podemos, ese es Pablo Iglesias.