Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Populismo a la francesa

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional06-02-2017

"En río revuelto... ganancia de pescadores", es lo que dice el refrán y es lo que está cosechando el populismo en diferentes partes del mundo. Los populistas saben aprovechar las coyunturas de crisis y necesidades sociales para crear un discurso crítico, muy atractivo y directo, que genera mucha ilusión en la población, pero que realmente está vacío de contenido.

Una vez que los populistas llegan al poder, sus bellas palabras y sus promesas no solo no se transforman en hechos, sino que, además, tienen tendencia a aplicar políticas que han denunciado previamente: contratar asesores a dedo, enchufar a familiares, subvencionar a amigos y vivir a costa del sistema. En poco tiempo, suelen cometer los mismos errores que tanto daño han hecho a los considerados partidos tradicionales, que son vistos por muchos como responsables de la crisis, por acción u omisión.

Aun así, el populismo cotiza al alza. La próxima cita importante se encuentra en Francia. Allí, la populista Marine Le Pen (Frente Nacional) está en una posición aventajada, según los sondeos, mientras que sus rivales no terminan de despegar o están inmersos en investigaciones por presunta corrupción. Este último caso afecta al candidato del partido conservador, François Fillon, de quien se sospecha que contrató ficticiamente a su mujer para que cobrara una jugosa suma de dinero por un trabajo que nunca desempeñó.

Afortunadamente, en Francia hay un sistema electoral de doble vuelta, en la que los dos candidatos más votados en la primera ronda pasan a una elección final. No es la primera vez que el populismo seduce a los franceses. En 2002, el mismísimo padre de Marine Le Pen, Jean Marie, llegó a la gran final ante el conservador Jacques Chirac, pero perdió porque la izquierda se movilizó para votar a Chirac. Es decir, tenían que elegir entre que les gobernara la derecha o la ultraderecha, y, evidentemente, eligieron lo primero.

Eran otros tiempos, pero parece que una situación similar puede repetirse. Según los sondeos, Marine Le Pen tiene tanto apoyo popular que pasaría seguro a la votación final. Faltaría saber contra quién tendría que luchar: contra el socialista Benoit Hamon; contra el candidato de centroizquierda Emmanuel Macron; o contra el conservador François Fillon, o el que le sustituya si las acusaciones prosperan.

Quedaría por ver si se cumplen los pronósticos, y, de ser así, si sucede como en 2002, y ahora también hay una coalición de ideologías para evitar que el populismo ultraderechista de Le Pen llegue al poder.

Lo que sí es un una realidad contrastada, y solo hay que fijarse en los países donde gobierna o ha gobernado el populismo, es que este no es la panacea que prometían, no ha resuelto los problemas que había y, lo que es más preocupante, en algunos casos la situación con ellos es o ha sido mucho peor.