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SALUD

El sedentarismo influye en el 6,9% de las muertes

Por Raquel GonzálezTiempo de lectura1 min
Sociedad27-03-2012

Los datos de un estudio, realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sidney (Australia) a 222.000 personas y publicados en la revista 'Archives of Internal Medicine', demuestran que el 6,9% de las muertes ocurridas por diversas causas están relacionadas con el sedentarismo.

El estudio consistía en un análisis a las respuestas que 222.497 personas, de 45 o de mayor edad, les ofrecieron a través de cuestionarios sobre salud y actividad física, además de los datos del registro de nacimientos, muertes y matrimonios de Nueva Gales del Sur (Australia), en el periodo comprendido entre febrero de 2006 y diciembre de 2010. Durante este periodo de tiempo analizado se produjeron 5.405 muertes. Los investigadores explican: "los resultados muestran que el sedentarismo prolongado está significativamente asociado con un mayor riesgo de muerte por cualquier causa independientemente de la actividad física que se realice. Permanecer inactivo fue responsable de un 6,9% de todas las muertes". También dedujeron que la relación entre inactividad y mortalidad es muy estrecha, de manera que a mayor tiempo de reposo mayor probabilidad de muerte. Este riesgo aumenta a partir de las cuatro horas al día que se permanezca sentado y se dispara si el tiempo sin actividad supera las ocho horas. A esto se suma una mayor probabilidad de muerte aquellas personas que, junto a un alto tiempo de inactividad, padezcan alguna patología, como enfermedades cardiovasculares, diabetes, sobrepeso u obesidad, según recoge el estudio. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe sobre las recomendaciones globales respecto a la actividad física, aconseja como mínimo 150 minutos de actividad aeróbica moderada o intensa a la semana. Por el contrario, “se ha comprobado que permanecer mucho tiempo sentado altera la función metabólica, resultando en un incremento del nivel de triglicéridos en sangre, una reducción de las cifras de colesterol de alta densidad (el bueno) y una disminución de la sensibilidad a la insulina”, explican los autores.