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ETA

Otegi, olvidado por la banda, sale de prisión e insiste en la negociación

Fotografía
Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España31-08-2008

Arnaldo Otegi salió de prisión quince meses después de su ingreso en junio de 2007. Durante el año y tres meses que ha durado su estancia entre rejas, el ex portavoz de la izquierda abertzale ha permanecido ajeno al enésimo giro hacía la radicalización de ETA –que terminó por enterrar el proceso de paz- y por extensión de su brazo político que él antes encabezaba. Sin embargo, el antiguo líder de Batasuna volvió a reivindicar el “diálogo” y la “negociación” como “solución al conflicto político” en el País Vasco.

Otegi realizó esas declaraciones justo después de abandonar la prisión de Martutene (San Sebastián), donde ha cumplido una pena por un delito de enaltecimiento del terrorismo durante su participación en el homenaje al etarra José Miguel Beñaran, Argala. Su llamada al diálogo como vía para poner fin a la violencia coincide con los esfuerzos que realizó el dirigente abertzale y un sector del entorno terrorista durante las negociaciones del fracasado proceso de paz entre el Gobierno y ETA. Aquel intento comenzó a quebrarse el 30 de diciembre de 2006 tras el atentado en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas (Madrid) en el que fallecieron dos personas. Aquel fracaso vino provocado por los movimientos en el seno de la banda, que siempre ha guiado los pasos de su brazo político. Durante las negociaciones con el Ejecutivo, el sector más radical de ETA y contrario a abandonar la violencia se impuso a los líderes más veteranos de la banda que abogaban por un final dialogado. Al final, ese nuevo giro hacia la confrontación directa contra el Estado se vio reflejado también en la propia Batasuna. Las numerosas detenciones de dirigentes abertzales como Joseba Permach, Pernando Barrena o el propio Otegi derivaron en la ascensión a la cúpula de Batasuna de dirigentes jóvenes con menos experiencia, pero con pensamientos más acordes con los postulados actuales de la banda. Es por ello que las llamadas al diálogo de Otegi ya no tienen cabida en los planes de ETA. La propia salida de la cárcel del ex líder de la formación ilegalizada fue la escenificación del protagonismo perdido. Tan sólo fueron a recibirle sus padres, su hijo y un grupo reducido de compañeros entre los que destacaba el histórico dirigente abertzaleTasio Erkizia, el ex secretario general de LAB, Rafa Díez USabiaga, y el responsable de Gestoras Pro Amnistía Juan María Olano, así como su abogada, Jone Goirizelaya. Atrás quedan quince meses de estancia en la cárcel que no han estado acompañados de campañas mediáticas pidiendo su liberación, como fue el caso del terrorista De Juana Chaos. A su salida tampoco se organizaron recibimientos multitudinarios. Ni siquiera el propio Otegi quiso pronunciarse acerca de su futuro próximo. Quizá sea porque podría volver en breve a la cárcel. PODRÍA VOLVER A PRISIÓN Sobre él pesan todavía tres causas pendientes en al Audiencia Nacional. La más grave y por la que podría ser condenado a 15 años de prisión es la referente a la causa contra los integrantes de las sucesivas mesas nacionales de Batasuna. Podría ser condenado por un delito de integración en banda terrorista tras el juicio que previsiblemente se celebrará en otoño. Además está procesado por otro delito de enaltecimiento del terrorismo y otro de reunión ilegal y desobediencia grave por su participación en un acto celebrado en el velódromo de Anoeta. (San Sebastián) en noviembre de 2004. Fue el primer acto público después de la ilegalización de Batasuna. Además, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco mantiene una cuarta causa contra él debido a las reuniones públicas que mantuvo en 2006, tras el inicio del alto el fuego de ETA, con el lehendakari Juan José Ibarretxe. Podría haber incurrido en un delito de desobediencia. Mientras todo esto sucede, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, vaticinó que la liberación de Otegi no significará una vuelta al diálogo del Gobierno con ETA e instó al dirigente abertzale a trabajar para convencer a la banda de que "abandone definitivamente las armas".