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ORIENTE PRÓXIMO

La violencia frustra la voluntad de acuerdo entre Fatah y Hamas

Por Salvador Martínez MásTiempo de lectura3 min
Internacional28-01-2007

Abbas mantuvo la semana pasada que en escasas semanas tendrá lugar el anuncio de un acuerdo que configure un Gobierno de unidad nacional entre su partido, Fatah, y el Movimiento de Resistencia Islámica, cuyas siglas en árabe son Hamas. En septiembre del año pasado, el anuncio de un acuerdo similar también fue noticia, como el hecho que de ese acuerdo no surgiera ejecutivo alguno.

“Si fallamos a la hora de formar un Gobierno de unidad nacional, dejaremos nuestros cargos y anunciaré elecciones presidenciales”, dijo con aplomo el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, delante de los periodistas que, en principio, se encontraban en Davos por razones ligadas al foro económico que se organiza en la ciudad suiza y no por motivos vinculados al conflicto israelo-palestino. Abbas hacía estas declaraciones el pasado viernes, un día después de la jornada en que Hamas celebró el primer aniversario de su victoria en las últimas elecciones legislativas palestinas. Según el análisis del reportero del Jerusalem Post, Khaled Abu Toameh, tras casi diez meses de gobierno islamista en la ANP, Hamas sólo tiene razones para estar satisfecho. “Las sanciones financieras impuestas por la Comunidad Internacional han fallado en su intento de derrocar el Gobierno de Hamas”, escribía Toameh en el pasado jueves. Es más, los esfuerzos que Fatah ha puesto “minando el Gobierno del primer ministro, Ismael Haniya, han resultado infructuosos”. De resultas, Hamas se encuentra fortalecido un año después de su victoria en las urnas. Esto ocurre muy a pesar de las dificultades que atraviesa un Gabinete dirigido por Haniya y que, por no renunciar a la violencia y seguir sin reconocer el derecho a existir de Israel, ni aceptar los acuerdos previos entre israelíes y palestinos, se quedó sin la mayor parte de las ayudas económicas que acostumbraba a recibir el Ejecutivo del primer ministro de la ANP y, sobre todo, sin ningún euro de los que Israel recauda entre palestinos en materia de impuestos y que debería hacer llegar a los palestinos. De esta forma, si bien se tiene constancia del malestar en que viven los palestinos a causa de la inseguridad y la falta de pagos a los funcionarios, la opinión pública no rechaza abiertamente el Gobierno de Hamas. A mediados del mes pasado, el Palestinian Center for Policy and Survey Research, aseguraba en su último estudio de opinión que “las encuestas muestran un considerable aumento de la desafección con la gestión del Gobierno”. Sin embargo, ese mismo estudio daba cuenta “del mayor aumento del nivel de desafección de la opinión pública con la gestión del presidente de la ANP”. Por esta razón, resulta razonable que se especule con que los resultados de la negociación que hace dos domingos retomaron Abbas y el jefe del buró político de Hamas, Khaled Meshaal, acaben beneficiando al partido islamista. O a ninguno. Porque si Abbas mantiene su palabra, la ausencia de resultados implicaría la celebración de elecciones, un proceso electoral que difícilmente podría tener lugar sin alteraciones en el clima de tensión existente entre militantes de Fatah y de Hamas. De hecho, los 15 muertos y la treintena de heridos de los últimos días de la semana pasada podrían acabar definitivamente con la voluntad de diálogo sobre un Gobierno de unidad nacional. Problemas políticos en Israel En Israel sí es más probable que tenga lugar un cambio presidente, cargo que actualmente ocupa Moshe Katsav. “Bajo mi punto de vista el presidente no puede continuar asumiendo sus funciones y debe dejar la Presidencia”, declaró la semana pasada el primer ministro israelí, Ehud Olmert. Él debió estar más tranquilo los pasados siete días puesto que en Israel se habló más de los supuestos crímenes sexuales cometidos por Katsav que de los avances de la comisión de investigación que estudia su desastrosa gestión durante la última guerra de Israel contra Líbano. Si hoy se celebraran elecciones generales en Israel, Kadima, el partido del primer ministro israelí, no alcanzaría ni la mitad de los 29 diputados con los que cuenta ahora. Tanto Olmert como Abbas se encuentran muy debilitados políticamente. Por ello, parece imposible que la creación de un Estado Palestino sea “realizable” como dijo la ministra de Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni, durante su estancia en el foro de Davos. Sin duda, la perspectiva que se adopta en lujosos lugares en el que se celebran encuentros como el de la ciudad suiza es, como poco, optimista.