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IRAQ

Un atentado en Bagdad deja ocho muertos en la noche de Fin de Año

Fotografía

Por Isabel A. Vega. Tiempo de lectura2 min
Internacional04-01-2004

Desde que el presidente estadounidense, George W. Bush, anunciase durante el pasado mes de mayo, el cese de las hostilidades, son ya 213 los militares norteamericanos fallecidos en Iraq. Con Sadam Husein capturado y las armas de destrucción masiva aún por encontrar, la posguerra iraquí ha tomado tintes de conflicto en toda regla.

En la Avenida Arasat al Hindiya, a trescientos metros de la embajada de Japón, se registró en Nochevieja la explosión de un coche bomba. Ocurrió en el restaurante Nabil, durante la noche, mientras su más que amplia clientela celebraba la llegada del nuevo año. Fueron ocho los muertos y veinticuatro los heridos, entre los que se encuentran tres periodistas del diario Los Angeles Times. A pesar del operativo especial de seguridad que la policía iraquí y las fuerzas de coalición pusieron en marcha para esos días, Bagdad se convirtió en el blanco preferido por los leales a Sadam desde el día de Navidad, cuando se produjeron ataques con mortero y fuego de artillería en varios puntos de la ciudad y con especial intensidad, contra la sede del cuartel general estadounidense. Tras los atentados del pasado sábado en Kerbala, día en el que tres coches bomba mataron a 19 personas e hirieron a otras doscientas, militares estadounidenses subrayaron la participación de “terroristas extranjeros” en los ataques. Aunque ya se han producido ya cinco detenciones, aún no ha tenido lugar un pronunciamiento oficial que aclare la nacionalidad de los supuestos implicados. Resuena ahora en Iraq el nombre de Ansar al Islam, un grupo terrorista que podría estar relacionado con Al Qaeda y ser responsable de gran parte de los ataques antiamericanos que tienen lugar en el país. Tres de sus miembros murieron la pasada semana en Mosul en un enfrentamiento que también provocó heridos estadounidenses. Mientras, en Kirkuk, al sur de Mosul, tuvieron lugar la semana pasada revueltas callejeras y enfrentamientos entre sus ciudadanos. Los kurdos se enfrentaron a los árabes y turcomanos en una región que había sido tildada de “modelo de unidad y coexistencia” por el presidente del Consejo de Gobierno iraquí, Adnane Pachachi. Al menos cinco iraquíes murieron y una veintena resultaron heridos en dichos enfrentamientos. Estas pugnas entre etnias se arrastran desde la caída del régimen de Sadam, cuando los kurdos reclamaron para sí esta petrolífera región iraquí. Por su parte, las fuerzas estadounidenses realizaron nuevos registros y detenciones a lo largo y ancho de Iraq. En la última semana se confiscaron armas de mano y herramientas para la fabricación de explosivos durante las 7 horas que duró el registro de la mezquita Um al Tubul. De entre los 30 detenidos en esta operación, destaca la presencia de Salem al-Sumaydai, jeque fundamentalista suní. La última de las ofensivas estadounidenses recibe el nombre de “Puño de Hierro” y tiene como fin sofocar la actividad de la guerrilla antiamericana, causante, entre otras muchas bajas, de la muerte de un soldado este fin de semana al derribar el helicóptero en el que se desplazaba.

Fotografía de Isabel A. Vega.