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SIN CONCESIONES

El nuevo Pedro Sánchez

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión21-06-2017

Lo más emocionante del 39º Congreso Federal del PSOE ha sido una canción de 1987. He aquí el nivel que ha marcado Pedro Sánchez en su retorno como secretario general. El tema Sweet Child O' Mine de Guns N' Roses levantó de la silla a las más de 3.500 personas que asistimos a la clausura del cónclave, incluidos los periodistas. Cuando unos acordes musicales de hace tres décadas son lo más entretenido y refrescante que ofrece un partido político, es que algo falla. El discurso del líder resultó insustancial y desordenado pese a estar escrito con antelación. En su puesta de largo al frente de un partido, los políticos se esmeran siempre para cumplir las expectativas y exponer con brillantez sus ideas. Sin embargo, Pedro Sánchez lo afrontó como un mero trámite, como un mitin más de un domingo cualquiera. Como si estos nueve meses derrocado y defenestrado fueran un paréntesis olvidado, un capítulo errático que jamás deba escribirse en los libros de Historia.

Cuando unos acordes musicales son lo más entretenido de un partido, es que algo falla
El Congreso Federal coronaba a Pedro Sánchez como rey del socialismo, pero desde sus convicciones republicanas él se comportó como si nunca hubiera abandonado el trono. Podría haber sacado pecho ante los barones que le traicionaron por recuperar el poder tras el golpe de Estado que urdió Susana Díaz el bochornoso 1 de octubre. Podría haber regresado con la aureola del hijo pródigo, pero con su visión laicista de la vida se comportó como un militante más, como lo que ha sido durante estos meses de campaña agónica hasta las primarias. El domingo le faltó la pasión, el arrojo y el verbo afilado que demostraba de pueblo en pueblo con su ranchera destartalada. Pero a sus fieles, que son los detractores de Susana Díaz, les bastaba con saber que la faraona sevillana huía hacia París tras llorar amargamente la derrota. Eso y ver de nuevo a Pedro como secretario general era la mayor recompensa.

No quiso mirar hacia atrás, pese al nulo riesgo de convertirse en estatua de sal. Ya no hay cuchillos que amenacen su espalda. Pedro Sánchez arrasó en las primarias contra pronóstico y contra el resto del mundo. Nadie puede siquiera cuestionarle. Tiene garantizado el cargo al menos hasta las próximas elecciones generales. Ese es su seguro de vida y esa es su paz, justo la que no tenía el año pasado. El ansia de poder y la agonía de saberse acorralado por los críticos le llevó a precipitarse, a cometer errores y a poner en riesgo la estabilidad de España. Ahora, no debería tener prisa. El tiempo corre a su favor y en contra de los demás, tanto de su rival, Mariano Rajoy, como de su cainita adversario, Pablo Iglesias.

Sánchez inicia una segunda vida, ha resucitado de entre los muertos políticos
Pedro Sánchez acaba de iniciar una segunda vida. Ha resucitado de entre los muertos políticos. Es un milagro inédito, por mucho que carezca de fe. El destino le regala otra oportunidad para ser lo que sueña y su entorno asegura que ha aprendido la lección. No quiere cometer los mismos errores de la primera etapa. Ojalá así sea. Por eso, se rodea exclusivamente de fieles. Por eso, esta vez mira a largo plazo. Por eso, quizás, emprendió su segunda oportunidad con un discurso insulso y medio vacío. Ni una mención a la eutanasia que el PSOE ha aprobado legalizar. Ni una palabra del fin de los acuerdos estatales con el Vaticano, que ni Zapatero se atrevió a romper. Ni pío de los vientres de alquiler. Y, por supuesto, ni un llamamiento a la Tercera República. Sólo una alusión a su visión plurinacional de España, que ha sido la barbaridad ideológica de las ponencias. Camisa blanca, buen tono, mejor sonrisa y abrazos con su mujer. Eso representaba Pedro Sánchez antes y eso mismo exhibió en su segunda puesta de largo como líder. El nuevo Sánchez de momento es el mismo viejo Sánchez de siempre. Insisto, de momento. Luego cambiará, por su propio bien. Por ahora sólo hemos ganado en dos cosas: Guns N' Roses y Adriana Lastra, que -pese a su apellido- aporta más solidez que César Luena.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito