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SIN CONCESIONES

Airforce One

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión31-05-2009

Harrisond Ford tiene el mérito de ser el mejor presidente de Estados Unidos en la ficción por una película en la que unos terroristas secuestran el Airforce One: el buque insignia de la flota aérea gubernamental. Resulta toda una paradoja. El avión más seguro del mundo cae en manos de unos criminales y el presidente debe salvar a los tripulantes. El protegido se convierte así en protector y los protectores en protegidos. El avión del presidente, sea el Airforce One o el Falcon de Zapatero, tiene como principal misión garantizar la seguridad de sus desplazamientos pero no es un taxi que espera en la puerta. Los americanos se lo acaban de recordar a Barack Obama tras utilizar el avión presidencial para regalar un fin de semana romántico en Nueva York a su esposa. Mal está que Zapatero utilice ahora el Falcon para sus mítines de campaña pero es todavía peor que la pasada legislatura lo aprovechara para irse el fin de semana a Londres con su mujer, Sonsoles, y las hijas. Una cosa es que por razones de seguridad siempre se desplacen en coches oficiales convenientemente blindados y otra que con la excusa de la seguridad recurran al avión militar para sus fines personales o partidistas. Además, la diferencia de gasto es notable. Conviene tener presente que un presidente del Gobierno no tiene horario. Está al servicio de su país las 24 horas, los 365 días del años. Por eso, los escoltas le acompañan a todas partes. Por seguridad. Pero no todo lo que hace tiene que ver con el puesto de presidente. Ahí reside la compleja y sutil barrera que separa lo público y lo privado, lo gubernamental y lo personal. El límite suele ser tan estrecho que, en ocasiones, ambas tareas se entremezclan. Por ejemplo: coger el Falcon para ir a León, participar en dos actos del Gobierno y aprovechar la estancia para celebrar un mitin del PSOE. Lo hizo Zapatero el sábado y poco se le puede reprochar. Pero hay otras situaciones que resultan muy claras. Coger el Falcon para ir exclusivamente a un mitin del PSOE, ya sea en Sevilla o Asturias, es emplear los bienes públicos en provecho propio. En términos jurídicos: malversación de fondos. Lo peor de todo es que, como denuncia la oposición, quien incurre en este más que dudoso comportamiento es el mismo presidente que nada más llegar a La Moncloa firmó un código ético de buen gobierno que ahora se salta a la torera. Quede claro que el problema no es que Zapatero utilice el Falcon, sino que el PSOE no pague las facturas. Cuando Aznar era presidente también empleó el Falcon pero en época de elecciones solía alquilar un avión privado para aquellos viajes exclusivamente de partido. De hecho, el PP tiene facturas por valor de casi medio millón de euros. Si alguna vez lo utilizó sin razón o motivo, que lo pague también como ahora tendría que hacer Zapatero, no de su bolsillo, sino de las arcas socialistas. Si Federico Trillo se aprovechó en su cargo de ministro de Defensa para viajar gratis a Murcia, que lo pague igualmente. En España existe el extendido pecado nacional de mezclar lo público y lo privado, lo personal y lo profesional por una decadencia ética. El empleado que todos los días llama a su casa desde el trabajo representa la pequeña escala de lo que a un altísimo nivel luego hacen los políticos. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, pero ellos deberían ser los primeros en dar ejemplo. Son 3.000 euros de combustible por cada vuelo en el Falcon, son 3.000 razones -especialmente en tiempos de crisis- para que un presidente del Gobierno sea más justo y responsable. Se llame Obama o se llame Zapatero.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito