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¿TÚ TAMBIÉN?

La primera impresión

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión03-05-2009

Acerca del buen leer hay demasiados mitos. Cuando repaso con mis alumnos los consejos que dan los grandes lectores, se quedan estupefactos. “Hay que leer poco”, es siempre el primero; mientras que ellos, que apenas leen, tienen la impresión de que todo hombre de letras anima a la lectura desaforada. El segundo consejo, que rompe otro gran mito, es que “hay que saber escoger los libros y en los libros”. Es decir, que como debemos leer poco, no sólo conviene evitar muchísimas lecturas, sino que además tampoco es conveniente leer siempre libros enteros. Muchos grandes libros, que atesoran párrafos memorables, también conservan capítulos absolutamente intrascendentes. En todo caso, y al margen del valor de la obra en sí, hay momentos en que una lectura “nos llama”, nos “interpela” o, incluso “nos aguarda”, mientras que otras, por valiosas que sean, esconden caprichosamente sus tesoros y, por más que queramos descubrirlos, se nos escapan. Por eso no es mal criterio, interrogar constantemente a los grandes libros. A que nos desconocemos y a los que en su momento abandonamos. Quizá hoy, al contrario que ayer, quieran revelarnos sus secretos. Hay quien nos recomienda abrirlos al azar, o dejarnos guiar por el título. A mí me gusta, especialmente, interrogarle al primer párrafo de una obra. No es un criterio infalible, hay primeros párrafos pésimos que esconden obras geniales pero, normalmente, el que es capaz de escribir un buen puñado de páginas geniales, no suele desperdiciar la primera frase de su obra. Algunos de mis lectores se atreven a confesarme que leer mis artículos siempre les incita a leer muchos libros. No saben lo que hacen provocándome: acepto el reto y voy a limitarme a compartir con ustedes algunas “primeras frases” de la gran literatura. “Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera”. Si alguien tiene el valor de abrir la voluminosa novela de Tolstoi Ana Karenina por la primera página, se encontrará con esa frase. Quizá no pueda soltar el volumen hasta comprobar la veracidad o falsedad de tan sugerente afirmación y afrontará la lectura, seguro, con el criterio de que conviene saber escoger “en los libros”, pues Tolstoi es de esos que nos regala páginas imborrables mezcladas con otras totalmente prescindibles. “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”. Así arranca El Túnel, de Ernesto Sábato, con las primeras palabras de lo que ocupará todo el relato: la fría confesión de un pintor y asesino que confundió las leyes del amor con las del egoísmo posesivo, como todo buen protagonista de la ahora llamada violencia doméstica. “La sesión celebrada por la Real Sociedad Geográfica de Londres, en su local de la Plaza de Waterloo, 3, el día 14 de enero de 1862, fue concurridísima”. Quizá nos llame la atención el motivo de aquella inusitada concurrencia en tan aburrida sede. Pero lo verdaderamente sorprendente es la credibilidad con que arranca la novela de un maestro de lo imposible (o no tanto), como es Julio Verne cuando relata las Cinco semanas en globo. ¿Alguna de esas primeras frases le está llamando? Si es así, adelante. Si no, atrévase a replicarme, que prepararé otra batería para la semana que viene. Lo que puedo prometerle, sin ninguna duda, es que si interroga constantemente a los grandes libros sufrirá primeras impresiones, seguidas de una pregunta interior -“¿tú también?”- que le abrirán mundos, preguntas y posibilidades donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach