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SER UNIVERSITARIO

Contra la asignatura EpC

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión05-07-2007

La asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC) “nace muerta”, según José Antonio Marina, uno de los padres redactores de esos que se forrarán por derechos de autor si ésta sale adelante. Yo creo más bien que si nace, es porque estamos en una sociedad muerta. Porque sólo en una sociedad moribunda como la nuestra se entiende que un gobierno proponga semejante aberración y ni siquiera los medios de comunicación supuestamente independientes pongan el grito en el cielo. La EpC supone diversos atropellos que conviene recordar sucintamente. Primero: que el estado impone obligatoriamente el estudio y la vivencia una serie de valores y prácticas para todos los ciudadanos, en todos los colegios -públicos, privados y concertados- y en todos los niveles de enseñanza. Esta pretensión, además de ser inconstitucional -pues el derecho a elegir libremente la formación moral de los hijos corresponde a los padres y no al Estado-, es sencillamente totalitaria, semejante a la formación del espíritu nacional del franquismo y a estructuras educativas similares a las vividas en las actuales Cuba, Venezuela y China o a las pasadas Alemania nazi e Italia fascista. Segundo: que esos valores y actitudes no se fundan objetivamente en la naturaleza de las personas y de la sociedad, sino que, tal y como expresa el texto de la ley y como ha confirmado en repetidas ocasiones el Ministerio de Educación, esos valores y actitudes son los decididos por los Gobiernos democráticos y los sancionados mediante ley. Es decir, que es moral lo que es legal; e inmoral, lo que es ilegal. Esta suerte de relativismo ético supone un totalitarismo democrático: lo que vota la mitad más uno es exactamente coincidente con el bien, la verdad y la belleza. El resto, es despreciable, inmoral y antidemocrático y debe ser perseguido y eliminado. Esto, por desgracia, ha ocurrido otras veces. Lo que ocurre es que, hasta ahora, los hombres formados para la libertad -frente a los que se formen en este adoctrinamiento- han sido voz y conciencia de los errores cometidos por el poder. Pero ahora, cuando todos los hombres sean formados en que lo que diga el poder es lo bueno, y los que se revelen serán encarcelados o multados por antidemócratas -como ha ocurre con los supuestos homofobos- ¿quién pondrá límites a la barbarie? Tercero: que precisamente los principios relativistas que inspiran la ley nos llevan a planteamientos éticos=legales profundamente debilitadores de la naturaleza humana. Si no hay posibilidad de distinción real entre el bien y el mal, si la conciencia no es capaz de distinguir y juzgar lo que conviene al hombre para realizarse en plenitud, el hombre no tiene a qué abrazarse, ni descubre un horizonte de sentido hacia el que orientarse, y su libertad deambula ciega y mareada sin otra referencia que lo inmediato, lo fugaz o, como más sólido referente, el Estado. Resulta alentador que unas 6.000 objeciones de conciencia asusten ya a los inspiradores de esta ley totalitaria. Sobre todo, cuando el Ministerio de Educación ha amenazado con no dar el título a los niños que no cursen la asignatura y cuando la mayoría de los medios de comunicación miran hacia otro lado y abandonan su responsabilidad con los ciudadanos. Son 6.000 objeciones de conciencia que tal vez inspiren muchas otras, que tal vez martilleen conciencias adormecidas, que tal vez hagan retroceder a un Gobierno de pretensiones totalitarias. Resulta alentador que frente a la mediocridad de los poderes públicos, de las instituciones, de los medios de comunicación, pequeñas comunidades intenten reconstruir la sociedad civil que necesitamos para que esto que llamamos “democracia” empiece a parecerlo. ¡Ánimo, padres de familia!

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach