¡A tomar... tequila!

10-03-2017
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El deporte es pura pasión, fervor absoluto, emoción viva. Es de total interés social y, en cualquier partido frente a otros sectores, vence siempre por goleada. Por eso es el predilecto del marketing. Y por esa razón también, los deportistas son las estrellas más conocidas a nivel mundial, y las mejor pagadas en cuanto a patrocinios –entre otros–. Una mediaticidad y una exposición de la que gozan tanto para bien como para mal. Tanto para reconocimiento, como sueldo y, sobre todo, reputación. Ahí es donde tienen que ganar ahora, al menos, por 1-0.

La exposición con la que cuenta el deporte es un arma de doble filo para el marketing. Si bien es cierto que sus valores, unidos a la humildad y la cercanía de sus deportistas, es lo que buscan las marcas en un embajador, hay que tener bien supervisada la forma en la que se usan. Porque estas estrellas, aunque se conviertan en modelos de ejemplaridad, son humanos y cometen errores. Bien sean intencionados para hacer uso del humor o por cualquier despiste, dañan la imagen del deportista y, en consecuencia, la de la marca. Ésta es ya una gran derrota.

Por esta razón, las ruedas de prensa y el resto de apariciones en público se están convirtiendo en partidos complicados de preparar. Son la imagen de una marca, de una institución, de ellos mismos como empresa en muchos casos, y cualquier despiste puede jugar en su contra. Y en un mundo con bastantes adversarios reconocidos, ¿quién quiere echarse uno más? Son juicios, palabras mal sonantes, improperios que mitigan su valor de imagen de cara a unos aficionados, a unos medios de comunicación, y a todo un planeta. Demasiada presión, ¿quizás?

Sin duda, es una carencia comunicativa y una falta de habilidades de oratoria que todo líder, como es su caso, debería dominar. Sobre todo porque, en primera instancia, afecta a su integridad como persona y a su trabajo, y porque su comportamiento va a influir en esos posibles contratos de patrocinio, tan variantes como el estado en el que se encuentren los otros dos conceptos anteriores. Porque si nadie quiere buscarse más enemigos, tampoco se quiere dar una imagen no deseada en su puesto de trabajo, ¿verdad? Pues atentos.

A la par que lees estas líneas, quizás haya llegado a tu cabeza la imagen de varios deportistas que lo ejemplifican a la perfección. Sí, sí. Dilo sin reparos. Gerard Piqué es uno de ellos. Le seguiría Dani Alves si hubiera escrito esto un año atrás. Y por supuesto, el míster, Luis Enrique. Sin embargo, hoy no escribo por ellos, y puede que hasta te asombres. Hoy, aunque a muchos nos duela, vamos a hablar de Rafa Nadal. Sí, sí. No me he equivocado. Y lo vamos a hacer, no desde el punto de vista sátiro, sino desde la humanidad y el despiste.

Siempre nos han dicho que el humor es una de las mejores armas de un orador. Sin embargo, mal usado puede convertirse en el mismo cuchillo afilado que un improperio. Nadal ya lo sintió en el Open de Australia cuando le gastó una broma a su novia Xisca en plena pista. Ahora, vuelve a lanzarlo tras soltar en rueda de prensa “que se iba a tomar unos cuantos tequilas” después de caer en la final de Acapulco. Sin ninguna maldad, el tenista sólo quería quitar hierro al asunto y mostrar, con retórica, que estaba afectado y tenía que “ahogar sus penas”.

Lee entre líneas. Te ayudo. En ningún momento Nadal se sentía feliz por perder o con ganas de salir de fiesta a beber tequila. Pero, ¿y quien no lo entienda? Sus palabras se pueden malinterpretar y, en ese caso, no es que el receptor tenga malicia y entienda mal el mensaje, es que no se ha comunicado con eficacia y se yerra. Entonces, su valoración quizás empiece a decaer y su imagen se resienta al entenderse que “pierde y se va a beber tequila”. Doble partido perdido. Y si hoy en día nadie quiere perder, en el marketing deportivo menos todavía.

M. Elena Martínez Quesada

Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual

Especializada en Periodismo Deportivo (IESPORT)

Máster en Marketing Deportivo y Máster en Gabinetes de Comunicación (UCM)

Redactora de Deportes de LaSemana.es



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