Somos humanos y nos equivocamos. Cualquiera de nosotros podría haber confundido la fotografía del supuesto Chávez con él mismo. Y no creo que por eso El País pierda credibilidad. Le colaron una imagen falsa y les creyó. ¿Podrían haber buscado y rebuscado más en Internet para encontrar esa imagen en un video de hace años? Sí, y si hubieran dedicado un rato más a esa labor no hubieran cometido ese grave error. Pero, equivocarse y reconocerlo no quita credibilidad a un medio. Es más, incluso podrían sumar esas ganas por mejorar y revisar el proceso para que eso no vuelva a ocurrir. Todos erramos alguna vez y los periodistas no son una excepción.
Sin embargo, lo que es verdaderamente preocupante y lo que sí quita credibilidad a este medio es que esa imagen de un Chávez casi moribundo es la que querían publicar y no en páginas interiores a dos columnas, sino en portada, en la parte superior y a cuatro columnas.
Pagaron una gran cantidad de dinero por ella, un dinero que se volvió en su contra y que perdieron al tener que reeditar una edición, pero especialmente un dinero que les ha hecho que muchos lectores pierdan la fe en ellos. Estar en la cima es muy difícil, pero caer se puede hacer casi en segundos. Por eso, es tan importante cuidar esos pequeños, que son grandísimos, detalles.
Tendrán que revisar los procesos, pero sobre todo tendrán que revisar su código deontológico. Tendrán que aclarar qué se debe publicar y qué no, si prevalece el derecho a la intimidad y al honor frente al de información, y si fotografías como ésa aportan algo o sólo provocan morbo/publicidad/dinero.
Lo que hace valioso a un medio, al igual que a toda empresa, son las personas que lo forman, las que están al pie del cañón, las que con su criterio y su integridad quieren hacer las cosas bien, con un sentido y un camino claro. Equivocándose –como todos- pero sabiendo que ese error les hará mejorar como personas y como profesionales.
Y el error de El País no ha sido el equivocarse con el protagonista de esa fotografía es equivocarse al publicarla. Y este último fallo es el que menos reconocen. Y eso, sí que es un tremendo error.