Piensa y escribe. Mira, analiza, comprueba y comunica. Busca, encuentra, discrimina y lo saca a la luz. Compara, le da una vuelta, busca fuentes… El periodista es así. Éste es su trabajo, su medio de vida y su pasión. Y lo es hoy y lo ha sido siempre, independientemente del soporte en el que se comunique.
A esta conclusión llegaron los muchos periodistas que abarrotaron la sala de la Asociación de la Prensa de Madrid en un debate sobre su papel en la era de la información continua. Cada uno tenía su opinión formada sobre a qué debe tender la profesión, pero todos estaban de acuerdo en que “primero hay que hacer periodismo” y luego buscar el soporte, en palabras de Carmen del Riego, presidenta de la APM, y que el periodista tiene que contrastar fuentes, buscar la verdad, ser independiente y darle un sentido ético a su trabajo, tal y como dijo Marisa Ciriza, vocal de la Comisión de Quejas y Deontología Profesional de la FAPE.
Sin embargo, igual que en historia no es fácil evaluar los hechos sin tener una perspectiva, en el ámbito periodístico todavía nos vemos inmersos en una vorágine de cambios a los que somos incapaces de dar una respuesta y elegir un camino. Preferimos tener varios senderos abiertos para no equivocarnos, con la esperanza de que todos ellos, lleguen al mismo fin o que tarde o temprano lleguemos establecer el punto de equilibrio.
- Sabemos que hay un exceso de información y que esto exige, más rigor, pero queremos estar imbuidos en ella y que lo que escribamos ahí aparezca.
- Sabemos que los lectores y las redes sociales no pueden ser los que establezcan la jerarquización de los temas, pero sin ellos, el medio de comunicación desaparece y como los necesitamos, nos adaptamos a ellos.
-Sabemos que las redes sociales y los medios digitales nos obligan a ser inmediatos a costa de cometer errores, pero si no estamos en ellas, nos podemos quedar fuera de una rueda.
-Hablamos constantemente del periodismo ciudadano, pero a veces sin saber qué es y con recelo por si esto sustituye nuestro trabajo.
Nos movemos en contradicciones y añadimos al periodismo “tradicional”, las novedades de la era de la información continua, con miedo a perder lo anterior y con miedo también de que lo nuevo nos perjudique.
Y esto nos ciega y no nos damos cuenta de que ambas cosas se complementan y que el periodista de hoy es o debería ser igual que el periodista de antes porque si se mantiene lo esencial, el soporte, la desinformación, el exceso de datos, el “intrusismo”, etc. son sólo problemas con los que lidiar, a los que debemos adaptarnos, por una parte, y superarlos (y superarnos), por otra.
El buen periodista será siempre el que busque la información con la misión de comunicar la verdad de los hechos al ciudadano. Y para ello necesita leer, pensar, estudiar, investigar, saber hablar, escribir, contrastar, cuidar a sus fuentes, ser analítico, creativo, abierto, tener capacidad de reflexión, sentido crítico, inquietud, establecer coherencia y muchas otras aptitudes y actitudes en las que está formado -o debería luchar por estarlo-. Para que sea posible, lo que de verdad hace falta es vocación y ganas. Y al periodista esto le sobra…