Estos días los medios de comunicación repiten una y otra vez en sus infornaciones la idea de que se cumple un año sin atentados mortales de ETA. Lo hacen casi con la misma facilidad con la que tienden a olvidar que, el pasado mes de marzo, un grupo de etarras mató a tiros a un agente francés en las proximidades de París cuando salian de robar coches en un concesionario. Es cierto que la banda lleva tiempo sin planificar, preparar y ejecutar un atentando con resultado de muerte, pero un repaso a este curso que se acaba sirve para evidenciar que las peores intenciones de ETA siguen intactas. Ahí está la base losgística desarticulada en Portugal en febrero con 1.500 kilos de explosivos, 300 de ellos listos para una acción inminente. Poco después se evitó otro intento de los terroristas de implantarse en Cataluña. ETA envió a uno de sus hombres a dninamizar tres taldes en el País Vasco, pero también fue detenido....
Si algo de todo esto les hubiese salido bien, hace ya mucho tiempo que los cantos de sirena que llegan desde la izquierda abertzale serían papel mojado. La mejor noticia de los últimos doce meses es que casi siempre que ETA ha sido noticia, lo ha sido por alguna detención, varias de ellas de vital importancia como es el caso de al menos dos numeros uno. Esta es sin duda la mejor manera de acabar con una ETA que no está dispuesta a dejar de matar, sino hace ya tiempo que habría dado alguna muestra positiva a la presión que por primera vez le ejerce su brazo político para que lo deje. El año próximo debe mantener estos aspectos positivos y apuntalar la unidad política fuera de tentaciones partidistas o experimentos extraños que sólo dan esperanzas a los enemigos de la libertad.