LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS (Samuel Benchetrit, XXI)

El divertimento entrañable

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La comunidad de los corazones rotos

Director: Samuel Benchetrit

Actores: Isabelle Huppert, Gustave Kervern, Valeria Bruni Tedeschi, Tassadit Mandi, Jules

Género: Comedia

Duración: 100 minutos

País: Francia

Año: XXI

Un edificio antiguo, por calificarlo de algún modo, habitado por unos vecinos algo “excéntricos”. Hay para elegir, el astronauta accidentado, la viejecita entrañable, una enfermera nocturna, el ex fotógrafo, el adolescente incomprendido, un paralitico y una actriz que nadie conoce. Todos ellos tienen en común su vida en soledad y tampoco se esfuerzan por cambiar esa circunstancia, pero un mal día el ascensor se avería y se ven obligados a usar las escaleras hasta nuevo aviso. Eso propiciará que los rellanos empiecen a ser testigos, cada vez más frecuentes de múltiples conversaciones en las que comparten un pedacito de su tiempo y sin querer también de su personalidad, formando la más extraña y a la vez acogedora comunidad con el corazón roto.

 Esta rocambolesca idea se plasmó por primera vez en la novela cómica dramática escrita por Samuel Benchetrit, Crónicas del asfalto. Este literato ahora se aventura también a crear una versión para la cartelera. En el intento de convertirla en realidad contará con un reparto bien dotado que colaborará a hacer del filme una experiencia única. Algunos nombres son Isabelle Huppert, Gustave Kervern o Michael Pitt, entre otros. Si bien es cierto que no parecen del todo conocidos en España, su calidad interpretativa es maravillosa y logran que merezca la pena ir al cine, dejándote un buen sabor de boca.

El objetivo que claramente se persigue con este largometraje es aunar la risa con quizá un poquito de llanto y no van desencaminados. Por ejemplo, los perfiles personales de cada uno de los personajes están muy bien trazados y, aunque sean subargumentos para una ficción, la mayoría de ellos pueden formar perfectamente parte de la realidad. Exceptuando la historia del hombre del espacio (un poco más cogida con pinzas) las demás responden a prototipos muy comunes. Además las personalidades hacen que se les coja cariño al instante, no están forzados y es precisamente su total naturalidad lo que lleva al espectador a no apartar la vista de la pantalla.

 Para ser justos hay que reconocer que el argumento si resulta un poco repetitivo, varios vecinos que a priori no congenian mucho se ven obligados a convivir por una circunstancia particular en el portal. ¿Cuántas veces lo hemos visto? Miles, pero lo importante es que hasta ahora siempre ha dado resultado, al menos para satisfacer ese tipo de humor instantáneo, el que no conduce a pensar demasiado, solo a reír. En infinidad de ocasiones la gente opta por verse un capítulo de las célebres series Aquí no hay quien viva, o de su predecesora exagerada La que se avecina. Y se hace buscando evasión, la recreación de anécdotas ajenas que hagan olvidar una rutina a veces más pesada de lo normal.

Algo así es lo que consigue esta película, pero se arriesga yendo un paso más allá y le sale bastante bien. Al principio uno se sube al carro solo por la carcajada, pero a medida que avanza  la trama se van desnudando esos sujetos que al inicio solo servían como objetos de diversión para dejar de caricaturizarse y empezar a humanizarse, haciendo de sus problemas los de cada miembro de la audiencia, la identificación es un tema muy personal, pero lo que es seguro es que sus mensajes llegan al corazón. Al menos al terminar la proyección uno guarda buena opinión de lo que acaba de ver y eso ya puede contarse como un gran triunfo.

Más allá de intentar satisfacer a los sibaritas, aquellos que declaran que solo acuden a las salas a ver algo realmente “culto”, algo que merezca la pena, esta cinta trasciende esa frontera y se dirige a la generalidad porque apela a algo que todo el mundo ha querido alguna vez, compañía. Y sin que sirva de precedente puede llegar a convertirse en otro de los grandes taquillazos del cine francés cotidiano, como ya lo fueron Bienvenidos al norte o Intocable.

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