LO QUE DE VERDAD IMPORTA (Paco Arango, XXI)

Punto positivo para el sentimentalismo

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Lo que de verdad importa

Director: Paco Arango

Actores: Oliver Jackson-Cohen, Camilla Luddington, Jorge García, Jonathan Pryce

Género: Comedia

Duración: 113 Minutos

País: España

Año: XXI

Algunas películas están rodadas para sacar el lado puramente lacrimógeno del público. Apelan al sentimentalismo y la mayoría de críticos suelen interpretar esa intención de traspasar la barrera emocional como una sensiblería absurda, la forma más rápida y menos compleja de ganarse el favor de la audiencia, sobre todo de las chicas, que van al cine buscando la excusa perfecta para romper en llanto. Que gran cliché, nada más lejos de la realidad. Un filme que apele al sentimentalismo e intimidad no tiene por qué ser eminentemente romántico, y tampoco es justo que quede encasillado como rosa y facilón. Sufrir viendo una película está bien, siempre que sea en el sentido positivo, empatizar con personajes que atraviesan momentos complicados humaniza al personal, al fin y al cabo, esos argumentos siempre llegan al corazón, y mejor aún se guardan en la mente, hacen desear un entorno mejor, y no deberían denostarse, sino alabarse. Es necesaria cierta valentía para crear una obra así y esperar que se valore como merece.

El director español Paco Arango da lo mejor de sí sacando a la luz una de sus últimas creaciones, Lo que de verdad importa, una historia sobre la fe en la bondad humana, los milagros, la capacidad de amar encerrada en el subconsciente de cada cual y el poder de la solidaridad o el valor. Aunque suene clasicorro, el planteamiento y posterior desarrollo merecen la pena con creces por todo lo que pueden mostrar. El propio cineasta confía en el futuro éxito del proyecto, que además cuenta con un toque único. Sera el primer largometraje con fines totalmente solidarios. Los fondos recaudados con las entradas se destinarán a campamentos para niños enfermos. Solo saber eso debería bastar para darle una oportunidad acompañado por un rico ball lleno de palomitas y abriendo la mente a algo extraordinario, porque también merece la pena lucir el lado tierno y dejarse llevar por el buen fondo. Y es que según el propio Arango “En España tenemos muy buen corazón”.

Alec es un desastre en todo, vive al límite, ahogado en deudas y en un día a día de pura locura e inmadurez, carpe diem permanente. Llegado cierto momento, su tío, consciente de un potencial oculto, le promete que le ayudará con sus problemas si a cambio se muda desde Inglaterra a Nueva Escocia para trabajar con él. El chico se ofrece como “El curandero”: Mecánico capaz de arreglar cualquier artilugio averiado, sin embargo en el panfleto se transcribe un mensaje algo diferente y de la noche a la mañana ese bala perdida se encuentra rodeado de pacientes enfermos convencidos de encontrarse ante un reputado doctor capaz de sanar cualquier mal. Al principio, el intenta convencerlos de su error, sin embargo irrumpe en su vida una chica con cáncer que le persuade para intentar tratarla. De ahí nace una retroalimentación mágica. El hace por ella todo lo que puede mientras la chica le señaliza su camino, hasta que el protagonista se encuentra en condiciones de explorarse a sí mismo y a su auténtico fondo samaritano y recto oculto tras esa personalidad desnortada.

Este filme recuerda, quizá demasiado, y aunque se haya categorizado en comedia, a las adaptaciones más recordadas del novelista romántico Nicolas Sparks. Títulos como El diario de Noah, Un paseo para recordar o Siempre a tu lado buscaban el mismo efecto que esta cinta, dar una lección de moral con llorera incluida. Recordar los valores que hacen resistir a una sociedad es a veces muy necesario y no abundan los argumentos con tanto trasfondo. Después de todo, no están de moda, como el universo Marvel o la franquicia erótica del señor Christian Grey. La interpretación consigue estar a la altura de las expectativas y el roll principal se gana las simpatías de quienes se paran a pensar sobre sus buenas acciones. Este es el ejemplo perfecto de que a veces lo que parece autentica niñería se convierte en lo más necesario socialmente. De vez en cuando hay que abrir los ojos y confiar, simplemente confiar en el poder de la bondad de otros.

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