Gervasio Sánchez, corresponsal de guerra

"Voy a la guerra con el respeto
que merecen sus víctimas"

Hablar con Gervasio Sánchez es hablar con la experiencia y comprender un poco más de cerca lo que ha visto a lo largo de su carrera periodística. Hay un halo de tranquilidad que se torna en indignación en el momento en el que cuenta los desastres de la guerra. Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es un fotoperiodista especializado en conflictos armados que ha viajado durante treinta años a países como Bosnia, Sierra Leona o Iraq. En su haber, figura una larga lista de premios nacionales tan importantes como el de Fotografía, Ortega y Gasset o Cirilo Rodríguez. Narra la historia a través de las personas, no de los hechos, lo que ha originado que elabore un tipo de periodismo humanitario y prestigioso.

12-06-2013
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¿Alguna vez pensó en ser corresponsal de guerra?
A los 15 años era el único estudiante de mi instituto que llevaba el periódico debajo del brazo. Me gastaba el dinero de la semana en ese periódico deportivo. Cuando llegué a la universidad, tengo un par de amigos que aún me recuerdan que, en la primera conversación que tuve con ellos, me preguntaron que quería hacer y les contesté que quería cubrir guerras. Lo tenía muy claro. Hice periodismo primero porque quería viajar y luego porque quería ir a las guerras, busqué la forma para hacer lo que quería.

Kapuscinski decía que el periodismo cambió cuando el mundo comprendió que la información era un gran negocio. ¿Cómo ve la situación actual del periodismo?
Lo que a mí me preocupa seriamente es que antes el periodismo más influyente era el que permitía ganar dinero y hacer más negocios, ahora a las empresas periodísticas, en vez de buscar influir en la sociedad, solo les interesa tener negocios con empresas económicas y políticas. Es una crisis, no económica, sino de identidad porque los periodistas hemos dejado de hacer nuestro trabajo y los ciudadanos ya no confían en nosotros.

Hace poco confesó que es fiel a los medios de comunicación en los que trabaja (26 años en el Heraldo de Aragón, 19 en la Cadena Ser y 12 en La Vanguardia). ¿Qué es lo que le aportan para que consiga serles fiel?
Yo siempre he trabajado como periodista freelance y he intentado buscar que me respeten como persona y a mis historias. Como hago un periodismo muy vinculado a la guerra, al sufrimiento, al dolor, las personas de mis historias forman parte de un sector marginal de la sociedad, por tanto, la falta de respeto a mi trabajo lo es también a sus protagonistas. La única razón es que respeten a los protagonistas de mis historias.


Su exposición Desaparecidos está recorriendo toda la geografía española. ¿Qué busca reflejar en su trabajo periodístico para conseguir la máxima de “una mirada vale más que mil palabras”?
La imagen tiene algo importante que no tiene la palabra: no necesita traducción simultánea. Una imagen que muestre lo que está sucediendo la puede entender alguien de aquí y alguien de cualquier parte del mundo, incluso un niño, que lee imágenes antes que palabras. En Desaparecidos muestro cómo un drama que es la desaparición forzosa, es para mí el peor de la guerra porque la guerra acaba, los muertos se entierran, los heridos se curan, las paredes se pintan, la sociedad avanza pero los desaparecidos quedan olvidados. Una guerra se acaba cuando sus consecuencias se superan y para eso hacen falta años, quizás décadas.

Con frecuencia, la sociedad critica la crueldad de las imágenes que se muestran en los medios. ¿Cómo responde a esas críticas?
Se ha llegado a decir que esas fotografías son una falta de respeto hacia las víctimas o hacia sus familiares. La imagen no es el problema porque no me he encontrado en mi vida a un padre o una madre que tenga a su hijo muerto y me haya impedido hacer la fotografía, al contrario, me han dicho que la haga para mostrar qué es lo que ha pasado y lo que le han hecho a su hijo.

PAÍSES EN CONFLICTO

De todos los lugares en los que ha estado, el que más le ha impresionado ha sido Goma en el año 1994. ¿Qué es lo que tenía de diferente frente a los demás?

Cuando llegué a Goma llevaba ya una década trabajando y había visto cosas muy fuertes. Lo que no había visto era que la gente pudiera morir con tanta facilidad ante la inoperancia y la pasividad de la comunidad internacional. Muchos de los que estaban muriendo antes habían sido asesinos. Lo que más te dolía era que la gente moría porque no había suero, lo más barato del mundo y los europeos miraban hacia otro lado en vez de llenar los aviones de ayuda internacional y mandarlos para allí. Es muy doloroso ver que la gente muere y tú no puedes hacer nada.


Actualmente, hay varios conflictos incipientes: Corea, Irán, Mali… ¿Pueden desencadenar en una guerra?
Creo que es más un problema de tensión que de guerras reales. Son tensiones que se crean para fortalecer el mercado de armas porque cuanta más hay en el mundo, más armas se venden. El pulso atómico provoca mucha más investigación en ese tipo de armas.

¿Cómo ve la situación actual de Iraq que está, supuestamente, en no guerra?
He estado este año en febrero y marzo unas semanas. Ha descendido la tensión, hay menos muertos que entre 2005 y 2008, cuando llegó a haber una media de 20.000 muertos anuales y ahora hay cinco veces menos. No sé qué va a pasar pero sí quedan muchos años de conflicto confesional entre chiíes y suníes.

Este año El País sacó a la luz un vídeo en el que varios militares españoles maltrataban a presos en la base de Diwaniya (Irak). Usted denunció un caso similar que el propio medio no quiso publicar en el 2004, el caso de Flayeh Al Mayali, un traductor de ese periódico. ¿Qué tienen de diferentes casos que aparentemente son parecidos?
Cuando Flayeh Al Mayali salió, le hice una entrevista en la que denunciaba haber sido tratado inhumanamente en la base. Aunque esto pasó en el Gobierno de Aznar, el de Zapatero llegó poco tiempo después al poder pero nadie quiso investigar nada. En estos últimos meses, tanto Zapatero como Bono han mentido diciendo que no conocen este asunto. Está en las hemerotecas que Bono se ha referido públicamente a este caso y tengo constancia de que Zapatero leyó el informe que le di a pie de avión en Zaragoza. Del vídeo, puedo decir que la persona que lo publicó hizo un buen trabajo pero curiosamente es una de las personas que en el año 2004 no quiso dedicar esfuerzo a este tema y dio validez a la versión del CNI a pesar de que sabía que estaba mintiendo.

¿En qué se diferencian las guerras de Sierra Leona, Bosnia o de Iraq de los actuales conflictos como Siria y Egipto?
Creo que son formas distintas de transmitir la información. En los años de Bosnia, los sistemas eran más limitados y el problema principal era transmitir porque no había teléfonos y el satélite era muy caro, por lo que para los medios pequeños era imposible. Ahora es mucho más barato.


La primavera árabe se desarrolló a través de Twitter, ¿cómo ha afectado que una revolución popular se haya gestado en las redes sociales?
En la sociedad joven de esos países, había una situación de cansancio, mucha gente se quejaba de que había corrupción. Creo que lo que ha pasado es que se ha pensado que es fácil estimular los procesos democráticos en las sociedades que no tienen esa tradición pero para que llegue, como sucedió en España, es necesaria una transición complicada. Estamos a dos años y medio de la primavera árabe, se ha ido muy rápido y se ha creído que con las redes sociales es suficiente para crear una gestión política y sectores económicos.

Con su trabajo, se ha encargado de dar voz a los que no tienen. ¿A qué se enfrenta un reportero, además de a la muerte y la censura?
Para mí los periodistas ejemplares son los que hacen la sección de local, ahí es donde se producen las situaciones más vergonzosas de censura y control de la información sea la ciudad que sea. No me pueden censurar porque trabajo en países en los que el interés en el mío es escaso. Un reportero tiene limitaciones de acceso, manipulación. Un político dijo que la verdad es la primera víctima de la guerra y, por tanto, hay que buscar una estrategia para contar todo eso. Cuanto más cerca estás de las víctimas civiles, más cerca estás de la verdad.

¿Qué le llama la atención de los lugares que visita, además del interés mediático que puedan despertar?
Soy periodista porque me gustaba viajar, coleccionaba sellos y me aprendía las capitales cuando tenía 11 años. Me gusta conocer los sitios de primera mano y jamás he firmado en un sitio donde no estaba ni he contado algo que no he visto. Nunca me han interesado las exclusivas embarradas en sangre, intento ir a la guerra con el respeto que se merecen las víctimas y acercarme a ellas con responsabilidad.

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